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jueves, 6 de agosto de 2009

por qué ejercemos invariablemente mal nuestra capacidad de juicio?



y yo prefiero ser feliz a tener razón, como dijo el Chary.

Fragmentos de Dar cuenta de sí mismo, de Judith Butler:

Compruebo que mi formación misma implica al otro en mí, que mi propia extranjeridad para mí misma es, paradójicamente, el origen de mi conexión ética con otros. ¿Necesito conocerme para actuar responsablemnte en las relaciones sociales? Hasta cierto punto, es indudable que sí. Pero, ¿hay una valencia ética en mi desconocimiento? Si me hieren, compruebo que la herida da testimonio del hecho de que soy impresionable, de que estoy entregada al otro de una manera que no puedo predecir o controlar por completo. No puedo pensar la cuestión de la responsabilidad por sí sola, aislada del otro.

Si, como dice Adorno, “en la ceguera del amor (…) anida la exigencia de no dejarse enceguecer”, esa ceguera parecería corresponder a la primacía de la fascinación, al hecho de que desde el inicio estamos implicados en un modo de relacionalidad que puede tematizarse de manera cabal, someterse a la reflexión ni conocerse cognitivamente. Ese modo de relacionalidad, ciego por definición, nos hace vulnerables a la traición y al error. Podríamos desear ser seres totalmente perspicaces, pero eso significaría renegar de la infancia, la dependencia, la relacionalidad, la impresionabilidad primaria; sería el deseo de erradicar todas las huellas activas y estructurantes de nuestras formaciones psicológicas y vivir en la ficción de ser adultos plenamente cognoscentes y dueños de nosotros mismos. A decir verdad, nos convertiríamos así en el tipo de seres que, por definición, no pueden estar enamorados, ciegos y enceguecidos, ni ser vulnerables a la devastación, ni quedar sometidos a la fascinación. Si fuéramos a responder a la ofensa con la afirmación de que tenemos el “derecho” a no recibir ese tratamiento, trataríamos el amor del otro como una atribución, y no como un don. Por ser un don, ese amor exhibe la insuperable calidad de la gratuidad. Es, en el lenguaje de Adorno, un don entregado en libertad.
Pero, ¿es la alternativa el contrato o la libertad? O bien, así como ningún contrato puede garantizarnos el amor, ¿sería también un error concluir que el amor, por lo tanto, se da de modo radicalmente libre? En rigor, la falta de libertad que anida en el corazón del amor no corresponde al contrato. Después de todo, el amor por el otro será, por necesidad, ciego aun en su saber. El hecho de que en el amor estemos obligados significa que, al menos en parte, desconocemos por qué amamos como lo hacemos y por qué ejercemos invariablemente mal nuestra capacidad de juicio.

Uno procura preservarse contra el carácter lesivo del otro, pero si lograra amurallarse contra la ofensa se volvería inhumano. En este sentido, cometemos un error cuando consideramos que la “autoconservación” es la esencia de lo humano, a menos que sostengamos, en correspondencia con ello, que lo “inhumano” también lo constituye. Uno de los inconvenientes de provocados por la insistencia en la autoconservación como base de la ética es que esta se convierte en una pura ética del yo, si no en una forma de narcisismo moral. Al persistir en la vacilación entre el deseo de reivindicar un derecho ante tal ofensa y la resistencia a esa reivindicación, uno “se vuelve humano”.

La solución individualista que suele identificar la voluntad como la norma definitoria de la calidad de humano no sólo aparta al individuo del mundo, sino que destruye el fundamento del compromiso moral con este. Resulta difícil condenar aquí la intrusión violenta en la voluntad sin concebir esa voluntad como definitoria de lo humano. En efecto, la intrusión es inevitable: no hay “derecho” que podamos afirmar contra esta condición fundamental. Al mismo tiempo, sin duda podemos y debemos idear normas para juzgar diferentes formas de intrusión, distinguiendo su dimensión inevitable e insuperable, por un lado, y sus condiciones socialmente contingentes y reversibles por otro.

jueves, 14 de mayo de 2009

Judy!



Sí, escribe difícil (en El género en disputa dijo que "no es mi intención ser difícil, sino dirigir la atención hacia una dificultad sin la cual ningún “yo” puede aparecer").
No, no estoy de acuerdo con todo lo que dice (especialmente en su último libro).
Pero Judy is a punk, ya lo sabían los Ramones.
Conocerla (a ella y su diminuto piecesito danzante o sus manos ágiles), verla hacer cosas con la teoría a menos de un metro de distancia, padecer las condiciones de acceso al saber en la Academia, etc., fue toda UNA EXPERIENCIA.

Acá entrevista que le hizo Leonor.

Y más abajo, algo del libro que estoy leyendo en mis ratos libres:

Desde el inicio constituyen un reto, si no una pregunta abierta, la relación que el yo asuma consigo mismo, su modo de forjarse en respuesta a un mandato, su manera de construirse y el trabajo que realice sobre sí mismo*. El mandato impone el acto de autorrealización o autoconstrucción, lo cual significa que no actúa de manera unilateral o determinista sobre el sujeto. Prepara el escenario para su autoconstrucción, que siempre se lleva a cabo en relación con un conjunto impuesto de normas. La norma no produce al sujeto como su efecto necesario, y el sujeto tampoco tiene plena libertad para ignorar la norma que instaura su reflexividad; unx lucha invariablemente con condiciones de su propia vida que podría no haber elegido. Si en esa lucha hay algún acto de agencia o, incluso, de libertad, se da en el contexto de un campo facilitador y limitante de coacciones. Esa agencia ética nunca está del todo determinada ni es radicalmente libre. Su lucha o su dilema principal deben ser producto de un mundo, aun cuando unx, en cierta forma, debe producirse a sí mismx. Esa lucha en las condiciones no elegidas de la propia vida –una agencia- también es posible, paradójicamente, gracias a la persistencia de esta condición primaria de falta de libertad.

Judith Butler: Dar cuenta de sí mismo. Violencia ética y responsabilidad.

*se refiere a la concepción de la moral en Foucault

miércoles, 4 de marzo de 2009

judy judy...


judy judy... me vas hacer ir a la feria del libro
después de tantos años de renegada...

Feria del Libro:

Entre las visitas internacionales de esta edición, ya están confirmados el filósofo italiano Gianni Vattimo, el escritor y filósofo español Fernando Savater, el poeta, ensayista, traductor y narrador mexicano José Emilio Pacheco, la filósofa posestructuralista Judith Butler, reconocida por sus notables aportes en el campo del feminismo, la teoría queer y la filosofía política y ética; el escritor dominicano residente en los Estados Unidos Junot Díaz, ganador el año pasado del Premio Pulitzer por su novela La maravillosa vida breve de Oscar Wao (publicada en el país por Mondadori), el pedagogo italiano Francesco Tonucci; Aitana Alberti, la hija del notable poeta Rafael Alberti; los escritores españoles Juan José Millás, Manuel Rivas y Benjamín Prado, el ecuatoriano Jorge Enrique Adoum, autor de Entre Marx y una mujer desnuda; el poeta canadiense Stéphane Despatie, la analista jungiana y profesora de psiquiatría Jean Shinoda Bolen, el poeta, editor y periodista turco Adnan Özer, el escritor noruego Lars Saabye Christensen y los escritores argentinos residentes en Francia Alberto Manguel y Luisa Futoransky.

miércoles, 7 de noviembre de 2007

más de judith


"Si las frases cargan con significados equívocos, entonces su poder es, en principio, menos unilateral y seguro de lo que parece. De hecho, la equivocidad del enunciado significa que puede que no siempre signifique de la misma manera, que su significado puede ser invertido o desviado de alguna manera significativa y, más importante todavía, significa que las palabras mismas que tratan de herir pueden igualmente errar su blanco y producir un efecto contrario al deseado.

(...)

El esfuerzo de ponerse de acuerdo no es algo que pueda resoverse con anticipación, sino sólo mediante una lucha concreta de traducción cuyo éxito no está garantizado".

Judith Butler, "Excitable Speech".

sábado, 29 de septiembre de 2007

butler


¿O resulta que el 'yo' que debería soportar su género se deshace al estar siendo un género, que el género siempre proviene de una fuente que está en otra parte y que está dirigida hacia algo que está más allá de mí, constituido en una socialidad cuya autoría no es totalmente mía? Si éste es el caso, entonces el género deshace el 'yo' que se supone que es o que lleva el género, y este deshacer es parte del mismo significado y de la comprensibilidad de este 'yo'. Si yo afirmo que 'tengo' una sexualidad, entonces parece que la sexualidad está ahí de manera que yo la puedo llamar mía, que se puede poseer como un atributo. Pero ¿y si la sexualidad es el medio por el cual se me desposee? ¿Qué pasa si es investida y animada desde otra lugar aunque sea mía precisamente? ¿No se puede concluir, entonces, que el 'yo' que 'tiene' su sexualidad se deshace mediante la sexualidad que afirma tener, y que esta misma afirmación ya no puede ser hecha exclusivamente en su propio nombre? Si otros me reclaman cuando me afirmo, entonces el género es para otro y proviene de otro antes de convertirse en el mío; si la sexualidad conlleva cierta desposesión del 'yo', esto no implica el final de mis afirmaciones políticas. Sólo significa que cuando se hacen estas afirmaciones, su alcance es muy superior al del sujeto que las formula."

Judith Butler, "Deshacer el género".

viernes, 27 de julio de 2007

Maneras de ser (des)poseídx


“Afrontémoslo. Nos deshacemos unos a otros. (…) Puede ser que lo queramos, o que lo estemos, pero también puede ser que, a pesar de nuestros mejores esfuerzos, seamos deshechos frente al otro, por el tacto, por el olor, por el sentir, por la esperanza del contacto, por el recuerdo del sentir.”


Judith Butler, “Al lado de uno mismo”.


Desprenderse de sí mismo, calculadamente. Todo un ejercicio. Cuando hay lugares posibles para migrar. Cuando hay lugares disponibles. Cuando hay lugares más o menos visibles a los que se pueda llegar o desde los cuales se pueda partir. Cuando hay certezas.
Toda cartografía me parece impensable hoy.