domingo, 12 de octubre de 2008

pecado mortal



Un cuento de Silvina Ocampo:

El pecado mortal

Los símbolos de la pureza y del misticismo son a veces más afrodisíacos que las fotografías o los cuentos pornográficos, por eso ¡oh sacrílega! los días próximos a tu primera comunión, con la promesa del vestido blanco, lleno de entredoses, de los guantes de hilo y del rosario de perlitas, fueron tal vez los verdaderamente impuros de tu vida. Dios me lo perdone, pues fui en cierto modo tu cómplice y tu esclava. Con una flor roja llamada plumerito, que traías del campo los domingos, con el libro de misa de tapas blancas (un cáliz estampado en el centro de la primera página y listas de pecados en otra), conociste en aquel tiempo el placer –diré- del amor, por no mencionarlo con su nombre técnico; tampoco tú podrías darle un nombre técnico, pues ni siquiera sabías dónde colocarlo en la lista de pecados que tan aplicadamente estudiabas. Ni siquiera en el catecismo estaba todo previsto y aclarado.
Al ver tu rostro inocente y melancólico, nadie sospechaba que la perversidad o más bien el vicio te apresaba ya en su tela pegajosa y compleja.
Cuando alguna amiga llegaba para jugar contigo, le relatabas primero, le demostrabas después, la secreta relación que existía entre la flor del plumerito, el libro de misa y tu goce inexplicable.
Ninguna amiga lo comprendía, ni intentaba participar de él, pero todas fingían lo contrario, para contentarte, y sembraban en tu corazón esa pánica soledad (mayor que tú) de saberte engañada por el prójimo.
En la enorme casa donde vivías (de cuyas ventanas se divisaba más de una iglesia, más de un almacén, el río con barcos, a veces procesiones de tranvías o de victorias de plaza y el reloj de los ingleses), el último piso estaba destinado a la pureza y a la esclavitud: a la infancia y a la servidumbre. (A ti te parecía que la esclavitud existía también en los otros pisos y la pureza en ninguno.) Oíste decir en un sermón: “Más grande es el lujo, más grande es la corrupción”; quisiste andar descalza, como el niño Jesús, dormir en un lecho rodeada de animales, comer miguitas de pan, recogidas del suelo, como los pájaros, pero no te fue dada esa dicha: para consolarte de no andar descalza, te pusieron un vestido de tafetas tornasolado y zapatos de cuero mordoré; para consolarte de no dormir en un lecho de paja, rodeada de animales, te llevaron al teatro Colón, el teatro más grande del mundo; para consolarte de no comer miguitas recogidas del suelo, te regalaron una casa lujosa con puntillas de papel plateado, llena de bombones que apenas cabían en tu boca. Rara vez las señoras, con tocados de plumas y de pieles, durante el invierno se aventuraban por ese último piso de la casa, cuya superioridad (indiscutible para ti) las atraía en verano, con vestidos ligeros y anteojos de larga vista, en busca de una azotea, de donde mirar aeroplanos, un eclipse o simplemente la aparición de Venus; acariciaban tu cabeza al pasar, y exclamaban con voz de falsete: “¡Qué lindo pelo!”. “¡Pero qué lindo pelo!” Contiguo al cuarto de juguetes, que era a la vez el cuarto de estudio, estaban las letrinas de los hombres, letrinas que nunca viste sino de lejos, a través de la puerta entreabierta. El primer visitante, Chango, el hombre de confianza de la casa, que te había puesto de apodo Muñeca, se demoraba más que sus compañeros en el recinto. Lo advertiste porque a menudo cruzabas por el corredor, para ir al cuarto donde planchaban la ropa, lugar atrayente para ti. Desde allí, no sólo se divisaba la entrada vergonzosa: se oía el ruido intestinal de las cañerías que bajaban a los innumerables dormitorios y salas de la casa, donde había vitrinas, un altarcito con vírgenes, y una puesta de sol en un cielo raso. En el ascensor, cuando la niñera te llevaba al cuarto de juguetes, repetidas veces viste a Chango que entraba en el recinto vedado, con mirada ladina, el cigarrillo entre los bigotes, pero más veces aún lo viste solo, enajenado, deslumbrado, en distintos lugares de la casa, de pie arrimándose incesantemente a la punta de cualquier mesa, lujosa o modesta (salvo a la de mármol de la cocina, o a la de hierro con lirios de bronce del patio). “¿Qué hará Chango, que no viene?” Se oían voces agudas, llamándolo. Él tardaba en separarse del mueble. Después, cuando acudía, naturalmente nadie recordaba para qué lo llamaban. Tú lo espiabas, pero él también terminó por espiarte: lo descubriste el día en que desapareció de tu pupitre la flor del plumerito, que adornó más tarde el ojal de su chaqueta de lustrina. Pocas veces las mujeres de la casa te dejaban sola, pero cuando había fiestas o muertes (se parecían mucho) te encomendaban a Chango. Fiestas y muertes consolidaron esta costumbre, que al parecer agradaba a tus padres. “Chango es serio. Chango es bueno, mejor que una niñera” decían a coro. “Es claro, se entretiene con ella” agregaban. Pero yo sé que una lengua de víbora, de las que nunca faltan, dijo: “Un hombre es un hombre, pero nada le importa a los señores, con tal de hacer economías”. “¡Qué injusticia!”, musitaban las ruidosas tías. “Los padres de la niñita son generosos, tan generosos que pagan un sueldo de institutriz a Chango.” Alguien murió, no recuerdo quién. Subía por el hueco del ascensor ese apasionado olor a flores, que gasta el aire y las desacredita. La muerte, con numerosos aparatos, llenaba los pisos bajos, subía y bajaba por los ascensores, con creces, cofres, coronas, palmas y atriles. En el piso alto, bajo la vigilancia de Chango, comías chocolates que él te regaló, jugabas con el pizarrón, con el almacén, con el tren y con la casa de muñecas. Fugaz como el sueño de un relámpago, te visitó tu madre y preguntó a Chango si hacía falta invitar a alguna niñita para jugar contigo. Chango contestó que no convenía, porque entre las dos harían bulla. Un color violeta pasó por sus mejillas. Tu madre te dio un beso y partió; sonreía, mostrando sus preciosos dientes, feliz por un instante de verte juiciosa, en compañía de Chango.Aquel día la cara de Chango estaba más borrosa que de costumbre: en la calle no lo hubiéramos conocido ni tú ni yo, aunque tantas veces me lo describiste. De soslayo lo espiabas: él, habitualmente tan erguido, arqueándose como signos de paréntesis; ahora se arrimaba a la punta de la mesa y te miraba. Vigilaba de vez en cuando los movimientos del ascensor, que dejaba ver a través de la armazón de hierro negro, el paso de cables como serpientes. Jugabas con resignada inquietud. Presentías que algo insólito había sucedido o iba a suceder en la casa. Como un perro, husmeabas el horrible olor de las flores. La puerta estaba abierta: era tan alta, que su abertura equivalía a la de tres puertas de un edificio actual, pero eso no facilitaría tu huida; además no tenías la menor intención de huir. Un ratón o una rana no huyen de la serpiente que los quiere, no huyen de animales más grandes. Chango, arrastrando los pies, se alejó de la mesa por fin, se inclinó sobre la balaustrada de la escalera para mirar hacia abajo. Una voz de mujer, aguda, fría, retumbó desde el sótano: -¿La Muñeca se porta bien? El eco, seductor cuando le decías algo, repitió sin encanto la frase. - Muy bien- respondió Chango, que oyó sonar sus palabras en los fondos oscuros del sótano. - A las cinco le llevaré la leche. La respuesta de Chango: - No hace falta, se la prepararé yo -, se mezcló con un –gracias- femenino, que se perdió en los mosaicos de los pisos bajos. Chango volvió a entrar en el cuarto y te ordenó: - Mirarás por la cerradura cuando yo esté en el cuartito de al lado. Voy a mostrarte algo muy lindo. Se agachó junto a la puerta y arrimó el ojo a la cerradura, para enseñarte cómo había que hacer. Salió del cuarto y te dejó sola. Seguiste jugando como si Dios te mirara, por compromiso, con esa aplicación engañosa que a veces ponen en su juego los niños. Luego, sin vacilar, te acercaste a la puerta. No tuviste que agacharte, la cerradura se encontraba a la altura de tus ojos. ¿Qué mujeres degolladas descubrirías? El agujero de la cerradura obra como un lente sobre la imagen vista: los mosaicos relumbraron, un rincón de la pared blanca se iluminó intensamente. Nada más. Un exiguo chiflón hizo volar tu pelo suelto y cerrar tus párpados. Te alejaste de la cerradura, pero la voz de Chango resonó con imperiosa y dulce obscenidad: “Muñeca, mira, mira”. Volviste a mirar. Un aliento de animal se filtró por la puerta, no era ya el aire de una ventana abierta en el cuarto contiguo. Qué pena siento al pensar que lo horrible imita lo hermoso. Como tú y Chango a través de esa puerta, Píramo y Tisbe se hablaban amorosamente a través de un muro. Te alejaste de nuevo de la puerta y reanudaste tus juegos mecánicamente. Chango volvió al cuarto y te preguntó: “Viste?”. Sacudiste la cabeza y tu pelo lacio giró desesperadamente. “¿Te gustó?”, insistió Chango, sabiendo que mentías. No contestabas. Arrancaste con un peine la peluca de tu muñeca, pero de nuevo Chango estaba arrimado a la punta de la mesa, donde tratabas de jugar. Con su mirada turbia recorría los centímetros que te separaban de él y ya imperceptiblemente se deslizaba a tu encuentro. Te echaste al suelo, con la cinta de la muñeca en la mano. No te moviste. Baños consecutivos de rubor cubrieron tu rostro, como esos baños de oro que cubren las joyas falsas. Recordaste a Chango hurgando en la ropa blanca de los roperos de tu madre, cuando reemplazaba en sus tareas a las mujeres de la casa. Las venas de sus manos se hincharon, como de tinta azul. En la punta de los dedos viste que tenía moretones. Involuntariamente recorriste con la mirada los detalles de su chaqueta de lustrina, tan áspera sobre tus rodillas. Desde entonces verías para siempre las tragedias de tu vida adornadas con detalles minuciosos. No te defendiste. Añorabas la pulcra flor del plumerito, tu morbosidad incomprendida, pero sentías que aquella arcana representación, impuesta por circunstancias imprevisibles, tenía que alcanzar su meta: la imposible violación de tu soledad. Como dos criminales paralelos, tú y Chango estaban unidos por objetos distintos, pero solicitados para idénticos fines.Durante noches de insomnio compusiste mentirosos informes, que servirían para confesar tu culpa. Tu primera comunión llegó. No hallaste fórmula pudorosa ni clara ni concisa de confesarte. Tuviste que comulgar en estado de pecado mortal. Estaban en los reclinatorios no sólo tu familia, que era numerosa, estaban Chango y Camila Figueroa, Valeria Ramos, Celina Eysaguirre y Romagnoli, cura de otra parroquia. Con dolor de parricida, de condenada a muerte por traición, entraste en la iglesia helada, mordiendo la punta de tu libro de misa. Te veo pálica, ya no ruborizada frente al altar mayor, con los guantes de hilo puestos y un ramito de flores artificiales, como de novia, en tu cintura. Te buscaría por el mundo entero a pie como los misioneros para salvarte si tuvieras la suerte, que no tienes,de ser mi contemporánea. Yo sé que durante mucho tiempo oíste en la oscuridad de tu cuarto, con esa insistencia que el silencio desata en los labios crueles de las furias que se dedican a martirizar a los niños, voces inhumanas, unidas a la tuya, que decían: es un pecado mortal, Dios mio, es un pecado mortal. ¿Cómo hiciste para sobrevivir? Sólo un milagro lo explica: el milagro de la misericordia.

Una entrevista a Silvina Ocampo: http://www.pagina12.com.ar/imprimir/diario/suplementos/radar/9-2558-2005-10-09.html

viernes, 3 de octubre de 2008

Trent Reznor entendió todo


Nine Inch Nails: Heresy

He sewed his eyes shut because he is afraid to see
He tries to tell me what I put inside of me
He's got the answers to ease my curiosity
He dreamed up a God and called it christianity
Your God is dead and no one cares
If there is a hell I will see you there
He flexed his muscles to keep his flock of sheep in line
He made a virus that would kill off all the swine
His perfect kingdom of killing, suffering and pain
Demands devotion atrocities done in his name
Your God is dead and no one cares
Drowning in his own hypocrisy
And if there is a hell I will see you there
Burning with your God in humility
Will you die for this?

lunes, 22 de septiembre de 2008

abuso, infancia y poder


La imagen es de la serie "Muñeca rota" de Cortázar. El texto, algunas cosas que he pensado sobre este tema. Se aceptan críticas, sugerencias, divergencias, etc.
Abuso, infancia y poder:
palabras que hasta ahora me estaban misteriosamente prohibidas
Por Laura Contrera

Palabras que escribo aquí/ Contra toda evidencia/ Con la gran preocupación/ De decir todo.[1]

No habría más que un discurso posible sobre el abuso infantil y éste tiene, infaliblemente, un sesgo moral: se está a favor de la pedofilia o se está del lado de las víctimas inocentes. En eso, izquierdas y derechas se dan la mano. Cuando se habla de abuso infantil suele olvidarse que lo que está en juego es la producción misma de la sexualidad infantil. Nuestros cuerpos son políticos, repetimos con la teoría (que no es sin práctica) feminista, post-feminista y queer. Nuestros cuerpos de niñxs abusadxs son políticos. Más allá de la violencia puntual ejercida sobre nuestra carne, nuestros cuerpos de niñxs son campo de batalla donde lo que se juega es algo que excede la salvaguarda del pudor. Como otrora se defendía manu militari la honra de la mujer: el dispositivo sexo-jurídico de la minoría eterna de la fémina, siempre bajo la atenta mirada del padre-marido-tutor, el Estado. Este cuerpo mío, pero que no me pertenece.

Que haya una suerte de intolerancia colectiva hacia ciertas formas violentas de vinculación entre niñxs y adultxs no debe confundirnos. Que algunas de estas formas de vinculación sean incluso pasibles de acción penal no debe dejarnos tranquilxs (sobre todo si pensamos que esta acción se da en determinadas circunstancias y bajo múltiples condicionamientos, ya que los entrecruzamientos de clase, género, etnia, etc. siguen produciendo sus engendros jurídicos). Porque tras siglo y medio de aplicación de concretas técnicas de normalización de las sexualidades adultas -e infantiles- y de una alerta constante sobre el peligro de las sexualidades anormales que acechan a la infancia, mucho no se ha avanzado. Quizá vaya siendo hora de que intentemos recuperar la dimensión política que suele escaparse cuando planteamos en términos de indignación moral la violencia aberrante ejercida contra ciertas corporalidades (niñxs en este caso, pero también cuando se trata de mujeres, trans, inmigrantes, pobres).

Pensemos entonces en las sexualidades infantiles que produce este entramado: el espacio de vigilancia continua que debería ser la familia, tal como es erigida e incentivada por el Estado, el juego incesante de sus instituciones, las relaciones de clase, los circuitos del capital, etc. Por un lado, un innegable interés político y económico del Estado en los cuerpos infantiles y la gestión -legal e ilegal- de esos cuerpos en los distintos circuitos de la producción[2]. Por el otro, una mirada moral que lo reduce todo al binomio víctima y victimario. O que, a lo sumo, dando un paso más adelante, da lugar a la voz querellante, adulta, erigida en representante de alguien siempre silencioso. En el medio, ese alguien silencioso, en su espacio de eterna inocencia mancillada por los poderes voraces.

Hace ya demasiado tiempo que la explicación por la perversidad natural o adquirida del monstruo abusador no sólo nada nos dice acerca de los victimarios sino que, peor aun, nada ha cambiado –para bien o para mal- ni en el terreno jurídico ni en el concreto escenario que se monta post-atentado para las “víctimas”. A pesar de todo el saber médico-psiquiátrico acumulado sobre las personalidades de los abusadores y de la legislación penal que ha proliferado, las cifras de prevención y control continúan siendo desalentadoras. Claro que en Argentina, como en el resto de Latinoamérica, todavía estamos muy lejos de poder discutir en nuevos términos ésta u otras cuestiones acuciantes. Porque la criminalización del molotov género-pobreza, así como la sospecha sobre la “culpabilidad” de las mujeres violadas o abusadas constituyen sentido común jurídico, nos hallamos en una rara posición que “obliga” moralmente a aplaudir los escasísimos casos donde se tuerce ese sentido común de la justicia. Y lo mismo ocurre cuando cierta indignación popular ante crímenes superlativamente escabrosos se impone en los medios masivos o en las calles.

Cuando se lee en los diarios de mayor tirada o se escucha en los noticieros de horario central que hay una suerte de “jerarquía perversa” que hace que el ayer niño abusado se “convierta” de manera ineluctable en un abusador o entregador de nuevas víctimas, no se puede permanecer indiferente. Hay un discurso que está operando de manera tan eficaz que nos impide hacernos hasta las más simples preguntas. Por ejemplo: ¿las niñas abusadas no nos convertimos en abusadoras por algún tipo de bondad natural que portamos o es porque el repertorio del que disponemos para “salir” adelante tras el abuso está ligeramente ampliado? Léase la ironía del dispositivo: a las niñas nos estaría permitido sentir tal vergüenza ante el hecho consumado que quizá pasemos los próximos 15 años de nuestras vidas tratando de huir de una sexualidad pensada para lastimarnos y ensuciarnos (eso incluye noviazgos y/o matrimonios y la maternidad incluso, no sólo el celibato) o engordemos 20 kilos para salirnos “voluntariamente” del mercado del deseo y la posibilidad de padecer nuevamente violencia sexual. El repertorio posible para los varoncitos abusados se reduce drásticamente a la posibilidad de ejercer una sexualidad adulta invasiva y violenta respecto de infantes desvalidos y/u otras corporalidades igualmente frágiles (y aquí se incluye la nota, no menor, de considerar a la pedofilia como iniciación en la homosexualidad, como si la violación introdujera a la niña en la heterosexualidad). Otra pregunta podría ser acerca de los estereotipos políticos de masculinidad y feminidad fabricados en esta forja perversa. La producción de una sexualidad masculina siempre dotada de un impulso irrefrenable (e involuntario), que constantemente está en riesgo de pasarse a la criminalidad, y su doble, la sexualidad femenina e infantil como territorio pasivo, blando, penetrable, expuesto en todo tiempo y circunstancia al ejercicio de la sexualidad masculina, que requiere de un resguardo nunca suficientemente amplio.

Ya es una verdad de sentido común la que dice que no hay destino biológicamente determinado, quizá sea hora de empezar a replantearse las crónicas psicológicamente anunciadas de algunos crímenes sexuales, no para sustituir un determinismo por otro (social, por ejemplo), sino para desplegar el funcionamiento de un conjunto de tecnologías de género que, como decía Teresa De Lauretis, si bien operan de modo heterogéneo respecto a las asignaciones femeninas o masculinas, producen esa y otras diferencias, además de la verdad del sexo, los modos normales y patológicos de gestionar placeres, la salud y la pureza étnica, la reproducción de fuerza de trabajo, etc.

Una mirada libertaria no puede contentarse hoy con la repetición del discurso moral y compungido que acompaña la queja y reclamo ante el Estado y sus instituciones. Porque así como habría un único discurso dominante sobre abuso infantil, también parece que sólo hay una acción posible: la del Estado y el aparato judicial. Faltan discursos y prácticas resistentes que nos permitan desmontar capas sucesivas: para entender cómo son mantenidos específicos estados de dominación incluso a través de técnicas y de una red de instituciones que se oponen, según sus propias definiciones, a tales estados[3]. La violencia de género o la violencia hacia la infancia es la violencia misma de este sistema de género, de este régimen económico-político que nos ha venido produciendo, en esta apenas perceptible malla estatal y para estatal a la que infructuosamente le venimos pidiendo piedad. O soluciones (cárcel, legislación, castración química, etc.). Y también sabias palabras para poner en su lugar el horror que nos habita y que no podemos nombrar.

El avasallamiento de las sexualidades infantiles se produce antes de que efectivamente haya acaecido el hecho esperado. La mirada moral y temerosa de la sociedad bienpensante ha engendrado y seguirá engendrando eso mismo que teme para sus tiernos frutos. La vigilancia –parental y estatal- impide por su propia definición la producción de una autogestión responsable del propio cuerpo infantil –acorde a su camino evolutivo, claro. El peligro difuso de la sexualidad autoriza todo tipo de controles y toma contornos definidos: el miedo delinea cuerpos que desconocen sus posibilidades de resistencia, como ha sucedido tradicionalmente con las mujeres y la violación. Seguir pensando –y produciendo- la infancia como una víctima ineluctable de las voracidades adultas no ha salvado a nadie. La infancia es sometida cotidianamente, de distintas maneras –aquí es donde intervienen esos espacios de superposición entre género, sexo, clase y etnia- y es en este mismo sometimiento donde se producen las subjetividades infantiles: cuerpos inermes, expuestos a todo mal, niñxs que no conocen sus potencialidades ni disponen de esos cuerpos.

Para quienes hemos podido sobrevivir a los episodios de abuso, la posibilidad de pensar un discurso y una práctica que no sitúe a la infancia abusada en relación al monstruo anormal que acecha desde una exterioridad moral y social. Un discurso y una práctica que nos permita la revisión de los dispositivos que nos produjeron (y seguirán produciendo) como víctimas propiciatorias de otros sujetos encarnados, crecidos y criados en estas sociedades de control y capitalismo tardío, con dispositivos que nos siguen sujetando firmemente de las salientes de nuestros cuerpos-campo-de-batalla aun cuando pretenden protegernos y librarnos de todo mal.

Y para quienes están dando sus primeros pasos, estrenando corporalidades vulnerables en un mundo que vigila aquello que sacraliza y normaliza para luego ponerlo en una circulación regulada, va este intento de abordar políticamente cuestiones en principio ligadas a la intimidad recóndita. Un humilde aporte para salir del espeso silencio y de las palabras prohibidas. Si es cierto que no puede decirse todo, quizá baste con empezar a decir algo. Tener palabras para nombrar lo que existe aunque creamos que no existe: el monstruo debajo de la cama unido a la voz dentro de mi cabeza y al coro de ángeles que no vela mi sueño.

[1] Paul Eluard: “Algunas de las palabras que, hasta ahora, me estaban misteriosamente prohibidas”, Cours Naturel, 1938.
[2] Según Foucault, la valoración del cuerpo del niño que emerge en las sociedades occidentales con la industrialización -una valoración económica y afectiva de su vida- está estrechamente ligada a la instauración de un temor en torno de ese cuerpo y de un temor en torno de la sexualidad, de la que los padres resultan responsables, ante el Estado, claro. Foucault, Michel: Los anormales. Curso en el Collège de France (1974-1975). Fondo de Cultura Económica, Bs.As., 2001. Pág 247.
[3] En Argentina, tenemos actualmente ante la Justicia dos casos ejemplares: el licenciado Corzi, psicólogo especialista en violencia familiar y abuso infantil -cabeza visible de espacios de poder-saber legitimados para hablar en nombre de las víctimas- acusado de comandar una red de pederastas, y el cura Grassi, responsable de una fundación llamada “Felices los niños” -que aloja a menores desamparados, con el auxilio de un fuerte subsidio gubernamental-, procesado por abuso y corrupción de menores.

viernes, 19 de septiembre de 2008

al filo de la anarquía




El texto que se ve en la imagen es de una cita extraída de la "Hermenéutica del sujeto" de Foucault, tal como aparece en un libro de Jean Allouch que se llama "El psicoanálisis ¿es un ejercicio espiritual? Respuesta a Michel Foucault". Gracias a Martín que, sin conocerme, me la mandó al mail de pido perdón zine.

Al filo de la anarquía. Primeras Jornadas Autónomas sobre Pensamiento Anarquista y Filosofía.

Segundo comunicado:

Tras una serie de reuniones entre quienes hemos manifestado nuestro interés en participar de las Jornadas, hemos debatido y establecido algunas cuestiones en común. No estamos interesados e interesadas en fundar una “ciencia” o “filosofía anarquista” porque no creemos que el anarquismo se remita a eso, ni que sea algo necesario. Creemos, si, que es necesario que se dé un marco para la discusión y el debate libertario, y que el fruto de este proceso no sea, necesariamente, la institucionalización de “verdades”. No buscamos ni ansiamos la verdad, porque simplemente por ser anarquistas no creemos en ella, pero si esperamos que de este ejercicio surjan nuevas ideas, propuestas y pareceres que nos permitan replantear nuestras luchas y nuestras realidades cotidianas. Por todo esto, hemos acordado algunas particularidades en torno a los trabajos. · Si bien orientado hacia el debate y la reflexión filosófica, no buscamos que las jornadas sean pensadas y articuladas con una lógica universitaria, en donde normalmente los trabajos tienen la dinámica de ponencias académicas, con cierto lenguaje y preconceptos que poco tienen que ver con nuestra cotidianeidad. Todos y todas pueden (y deben) participar, opinar y proponer. · Los trabajos tendrán un tiempo de exposición (entre ´15 y ´20) en donde el o la exponente buscará desarrollar la temática, y luego de ello comenzará la ronda de preguntas y respuestas. Se esperan intercambios y cuestionamientos. · Buscamos (y alentamos) que los trabajos sean fruto de la producción colectiva de todos y todas. Por ello, quienes deseen exponer, necesariamente deben participar de este proceso previo de trabajo, en donde a partir de las diversas inquietudes y pareceres, exista un intercambio con otros compañeros y compañeras. No queremos ni deseamos que venga alguien, se siente y hable sobre (y con) un texto de producción individual al que nadie tuvo acceso previo, y tras su lectura se levante y se retire. Por eso también, queremos que existan copias previas de los diversos trabajos para quienes no hayan participado de este ejercicio anterior de producción colectiva pero deseen acceder a ella. · Existirán diversas formas de proponer y exponer las diversas temáticas: podrá leerse un material; podrá apoyarse en elementos audiovisuales; podrá simplemente sentarse y lanzar algunas inquietudes y sobre eso ir departiendo, etc. Los métodos que cada expositor o expositora considere pertinentes son válidos, mientras respete los tiempos acordados. · No buscaremos que ninguna exposición se superponga a otra, porque consideramos importantes a todas, y porque deseamos estar presentes y participar de todas. Continuamos trabajando de modo colectivo, con intercambio de pareceres y cuestionamientos, e invitamos nuevamente a todos los compañeros y compañeras que deseen proponer y exponer diversas temáticas.. Ya hemos establecido una fecha para las Jornadas: 29 de Noviembre de 2008..Prontamente habrá más novedades. Salud y Anarquía (alfilodelaanarquia@yahoo.com.ar)

lunes, 15 de septiembre de 2008

pido perdón zine


un fanzine sobre la infancia.
en esto ando ahora...pero falta un poco, me temo:

y canción alusiva de hüsker dü:
I Apologize
All these crazy mixed up lies
Floating all around
Making these assumptions brings me down
And you get tight-lipped, how do I know what you think?
Is it something I said when I lost my mind?
Temper too quick, makes me blind
I apologize...Said I'm sorry, now it's your turn,
Can you look me in the eyes and apologize?
So now sit around staring at the walls
We don't do anything at all
Take out the garbage, maybe, but the dishes don't get done

sábado, 6 de septiembre de 2008

la política de macri, acá en mi barrio



Desalojo de la huerta orgázmika de Caballito.
5 de septiembre de 2008 19:10 URGENTE: SALIÓ DECRETO

El día miércoles 3 del corriente mes llegó la cédula de notificación con el decreto firmado por el Jefe de Gabinete del Gobierno de la Ciudad, Horacio Rodríguez Larreta, intimando a la desocupación de la Huerta Orgánica de Caballito en los próximos 5 días.La Huerta Orgázmika de Caballito se encuentra entre la calle Rojas, las vías del Ferrocarril Sarmiento (a 30 metros de la estación de Caballito) y la Plaza Giordano Bruno. Este espacio era, en el 2002, un basural estéril, completamente ignorado por el Estado, y se recuperó desde una iniciativa de los vecinos de la zona. Ahora es un lugar de búsqueda y encuentro, de trabajo y descanso: un desafío al cemento y la vida urbana en el que crecen y se cuidan más de cien variedades de plantas. Desde hace varios años, la huerta viene siendo "llamativamente" amenazada, pudiendo, mediante el trabajo cotidiano, seguir creciendo. En este sentido y ratificando nuestra labor, el día 3 de noviembre de 2007, recibimos el dictamen favorable del Representante Fiscal remitiendo la causa al Juzgado Nacional en lo Correccional Nº 5 para su resolución ordenando el archivo de la causa por usurpación DECLARANDO LA INEXISTENCIA DE DELITO.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Violette Nozières


NOZIÈRES, Violette (...).

“Violette Nozière”, título del libro de poemas colectivo de Breton, Eluard, Maurice Henry, E.L.T. Mesens, César Moro, Péret, Char y Gui Rosey, con dibujos de Dalí, Yves Tanguy, Ernst, Brauner, Magritte, Marcel Jean, Arp y Giacometti; ediciones Nicole Flamel, Bruselas, 1933.Homenaje colectivo de los surrealistas a Violette Nozières, joven parricida que “había comenzado bien al matar a su padre, violador incestuoso”, y que “al cabo de largas pasiones acabó muy mal en los brazos de la Santa Iglesia”(L. Scutenaire). En 1933, el “affaire Nozières” había convulsionado y dividido a la opinión pública. Con justicia, los surrealistas consideraron que aquella era una ocasión inmejorable para denunciar la hipocresía reinante, sobre todo cuando la prensa reaccionaria se había volcado contra Violette Nozières. El sumario de esta plaquette comprende 9 poemas de Breton, Char, Eluard, Maurice Henry, Moro, Péret, Rosey, E.L.T. Mesens, que es el editor, y 9 ilustraciones de Dalí, Tanguy, Ernst, Brauner, Marcel Jean, Arp, Giacometti y Magritte. Bellmer era el autor de la portada. El poema de Eluard que termina con estos versos: “Violette que ha soñado deshacer / Que deshizo / el espantoso nudo de serpientes de los lazos de sangre”, es uno de los más violentos de este autor. Contra los que “En el lugar de reunión de la moral burguesa / Te llamaron sucia puta / Violette / Oh, acariciadora de auroras” (Mesens). Esta “intervención surrealista” es sin duda una de las más significativas de los años 30 (ÉDOUARD JAGUER).

Traído de acá

Y el poema de Breton:

VIOLETA NOZIÈRES

Todas las cortinas del mundo corridas sobre tus ojos
En vano
Delante de su cristal hasta el agotamiento
Estirarán el arco maldito de la ascendencia y la descendencia
Tú no te pareces a nadie vivo ni muerto
Mitológica hasta la punta de las uñas
Tu prisión es la boya a la que se intentan agarrar en su sueño
Todos vuelven ella los abrasa
Como se remonta al origen de un perfume en la calle
Dividen a escondidas tu itinerario
La bella alumna del liceo Fénelon que amaestraba murciélagos en su pupitre
La nevadilla de la pizarra
Alcanza la morada familiar donde se abre
Una ventana moral en la noche
Los padres una vez más se santiguan por su hija
Han puesto el cubierto sobre la mesa de operaciones
El buen hombre es negro para mayor verosimilitud
Mecánico se dice de trenes presidenciales
En un país de miseria donde el jefe supremo del Estado
Cuando no viaja a pie por miedo a las bicicletas
Sólo tiene prisa en tirar de la señal de alarma para ir a retozar en camisa sobre el talud
La excelente mujer ha leído a Corneille en el libro escolar de su hija
Mujer francesa lo ha comprendido
Lo mismo que su apartamento comprende un singular cuarto de desahogo
Donde brilla misteriosamente una prenda íntima
No es de las que se guardan riéndose veinte francos en la media
El billete de mil cosido en el dobladillo de su falda
Le asegura una rigidez precadavérica
Los vecinos están contentos
En todas las partes de la tierra
Contentos de ser vecinos

La historia dirá
Que el señor Nozières era un hombre previsor
No sólo porque había ahorrado ciento sesenta y cinco mil francos
Sino porque había elegido para su hija un nombre en cuya primera parte
se puede discernir psicoanalíticamente su programa
La biblioteca de cabecera quiero decir la mesilla de noche
No tiene después de eso más que un valor de ilustración

Mi padre olvida algunas veces que soy su hija
El perdido
A la vez teme y sueña traicionarse
Palabras encubiertas como una agonía sobre el musgo
El que dice haberlas oído de tu boca desafía a todo lo que vale la pena
ser desafiado
Esta especie de ánimo es ahora lo único
Que nos compensa de un montón de rastrojo cerca de un
cenador de capuchinas
Que ya no existe
Cenador bello como un cráter

Pero qué auxilio
Otro hombre a quien tú dabas parte de tu angustia
En un lecho un hombre que te había pedido el favor
El don siempre incomparable de la juventud
Recibió tu confidencia entre tus caricias
Era necesario que fuera desconocido ese pasajero
Hacia ti sólo supo hacer volar una bofetada en medio de la blanca noche

Lo que abandonabas
Sólo podías perderlo en brazos del azar
Que hace tan fluctuantes los fines de siesta de París en torno a la mujeresde ojos de cristal enloquecido
Entregadas al gran deseo anónimo
Al cual forma maravillosamente únicamente
Silenciosamente eco
Para nosotros el nombre que tu padre te dio y te arrebató

Resbalamos allí donde se posó tu alto tacón de azúcar
Es igual que tengan o no la apariencia de no estar conformes
Ante tu sexo alado como una flor de las Catacumbas
Viejos estudiantes periodistas podridos falsos revolucionarios curas jueces
Abogados vacilantes
Saben muy bien que toda jerarquía termina ahí

Sin embargo un muchacho te esperaba enigmáticamente en
una terraza de café
Ese muchacho que en el Barrio Latino vendía al parecer
entretanto La Acción francesa
Deja de ser mi enemigo puesto que tú le amabas
Hubiérais podido vivir juntos aunque sea tan difícil vivir con su amor
Te escribió al partir Malvada querida
Al menos es bonito
Hasta para el mejor informado el dinero infantil no es más que
la espuma de la ola

Mucho tiempo después de la caballería y de la caballería de los perros
Violeta
El encuentro no será poéticamente más que una mujer sola entre la
inhallable espesura del Champs-de-Mars
Sentada con las piernas en X sobre una silla amarilla
(Versión de Manuel Álvarez Ortega)

después subo el de Eluard: EL ATREVERSE Y LA ESPERANZA (Violette Nozières).