miércoles, 23 de enero de 2008

el suicidado por el estado soviético



Son cerca de las dos. Ya te habrás acostado.
O a lo mejor te pasa a vos lo mismo.
En la noche, la Vía Láctea es un Oka (*) de plata.
No me apresuro y con urgencias de telegramas
no voy a despertarte ni a molestarte.
Como se dice, el incidente está terminado.

La barca amorosa varó en lo vulgar.
Es
tamos a mano y no vale la pena enumerar
dolores, desgracias y ofensas mutuas.
Fijate: ¡qué silencio en el mundo!
La noche impuso al cielo un tributo de estrellas.
En horas así te levantás y hablás
a los siglos, a la historia y al universo.
(*) Río de Rusia

Vladimir Maiakovski
, A plena voz (poema inconcluso, 1930).

Maiakovsky es el cine-ojo. El ve lo que el ojo no ve.

Dziga Vertov en Artículos, proyectos y diarios de trabajo.

Inmediatamente me gustó Maiakovsky, sin vacilar. Desde la primera lectura de su libro. Este se llamaba "Simple como un mugido". Lo conocía de memoria. Lo defendía como podía contra las invectivas. Lo explicaba. Todavía no había conocido personalmente a Maiakovsky. Cuando vi al poeta por primera vez en el Museo politécnico no me decepcioné. Era exactamente como me lo representaba. Maiakovsky me observó en medio de un grupo de jóvenes muy emocionados. A todas luces, yo lo contemplaba con cariño. "Estamos esperando su próximo libro", dije. "Reúne a tus amigos -respondió Maiakovsky-, exige que lo publiquen lo más rápido posible".

Mis encuentros con Maiakovsky siempre fueron breves.

Nos encontrábamos en la calle, o en un club, o en una estación, o en un cine. No me llamaba Vertov, sino Dziga. Eso me gustaba mucho: "Qué tal, Dziga, cómo va el cine-ojo?", me preguntó un día. Era en una estación cualquiera. Nuestros trenes se cruzaban. "El cine-ojo hace su aprendizaje", respondí. El pensó y repitió la cosa de otra manera: "El cine-ojo es un faro sobre el fondo de los lugares comunes de la producción cinematrográfica mundial". Y cuando, antes de separarnos (nuestros trenes partían en distintas direcciones), Maiakovsky me estrechó la mano, yo agregué farfullando: "no un faro sino un Maiakovsky"*. El cine-ojo es un Maiakovsky sobre el fondo de los lugares comunes de la producción cinematográfica mundial.

"¿Un Maiakovsky?", me dijo el poeta con un aspecto interrogador. A manera de respuesta declamé:

Donde el ojo raquítico de los hombres se detiene,

a la cabeza de las hordas hambrientas,

ceñido con la corona de espinas de las revoluciones

el año 1916 se adelanta.

-Usted vio lo que el ojo común no veía. Usted vio "caer del Occidente la nieve roja de copones jugosos de carne humana". Y los ojos tristes de los caballos. Y la mamá, "blanca, blanca como brocado sobre ataúd". Y el violín que "se irritaba, suplicaba y de pronto se deshizo en lágrimas como un niño". Usted es el cine-ojo. Usted vio "caminando por las montañas del tiempo a aquél a quién nadie ve". Y ahora está aquí.

En la nueva

existencia venidera

multiplicada

por la electricidad y el comunismo

Fue en Leningrado cuando lo encontré por última vez.

Estábamos en el hall del hotel "Europa".

Maiakovsky preguntó a un empleado con una voz lúgubre: "Habrá cabaret hoy?". Me vió y dijo: "Tenemos que hablar sin apresurarnos. Hablar seriamente. ¿No se puede organizar hoy un "largo metraje" de conversación sobre el arte?".

Esperaba a Maiakovsky en el cuarto del hotel. Al subir en el ascensor yo me decía que

La vida es bella

y maravillosa

avanzamos

hasta los cien años

sin conocer la edad avanzada

cada año

mas dispuestos

Me parecía que había encontrado la clave para filmar los sonidos documentales y que "nuestros oros celestes ya no existen", que "la avispa no nos picaría con su dardo", que "nuestra arma, nuestra canción, nuestro oro, es el aullido de las voces".

Recorrí la pieza en todas direcciones esperándole, feliz ante la idea de encontrarnos.

Quería hablarle de mis tentativas para crear un cine poético, explicarle cómo riman entre sí las frases del montaje.

Lo esperé hasta la medianoche.

Ignoro lo que le ocurrió. No vino.

Dos semanas más tarde ya se había ido.

*juego de palabras intraducible que reposa en la palabra rusa MAIAK, que significa faro.

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