
lunes, 19 de abril de 2010
pido perdón zine #4

lunes, 1 de febrero de 2010
Foucault y la ley del pudor

Traducciones temblorosas: Foucault y La ley del pudor*
Por Laura Contrera
http://www.pidoperdonzine.blogspot.com/
En la obra de Foucault la esencia de toda verdad y de toda institución se devela prepotente y artera y la única salida que le resta a las víctimas es la contra-estrategia, la fuga o la mutación. Por eso mismo, leemos una obra que ha sido escamada con paciencia de escéptico y con singulares móviles libertarios.
Christian Ferrer
La loi de la pudeur (La ley del pudor) es el título con el que se conoce una entrevista radial en la que intervino Foucault junto a Jean Danet y Guy Hocquenghem en 1978, publicada en la revista Recherches #37, de abril de 1979, Fous d’enfance, pp. 69-82 y más tarde en Dits et écrits 1976-1979. Tomo III. París: Gallimard, pp. 766-776 (1994). Casi imposible de conseguir en castellano, no aparece tampoco en la web en su idioma original sino en la traducción al inglés[1]. Opera una llamativa censura sobre esta entrevista. Pero el ocultamiento tiene una razón: aun pasados treinta años, la defensa de la abolición de las leyes francesas de edad de consentimiento resulta urticante incluso para especialistas que se autodenominan foucaultianos[2]. Foucault, la infancia y el pudor: una relación peligrosa, inconveniente, que, al parecer, implica también un acercamiento pudoroso.
Esta traducción quiere ser solamente un aporte para la discusión de un tema delicado, susceptible de infinitas (mal) interpretaciones. Quizá sería necesario y deseable añadir a la breve introducción que se hizo en Francia para contextualizar históricamente la discusión algunas nociones más recientes sobre relaciones intergeneracionales, pedofilia y abuso infantil, entre otras cuestiones. Evitaríamos de esta forma sumar confusión. Pero excede al espacio y a mi capacidad de síntesis tal añadido. Por eso, simplemente voy a remarcar el hecho de que estas intervenciones en la entrevista no son siquiera la última palabra de Foucault sobre el tema. Especialistas como Eric Fassin[3] han realizado interesantes críticas a muchos de los conceptos vertidos por Foucault en esta emisión radial. Más allá de estas consideraciones, me parece que el silencio nunca es un buen comienzo para la acción. Menos aún el silenciamiento de pensamientos y experiencias pasadas. Porque el padecimiento individual importa y no puede ser un mudo residuo de políticas generales. Y también porque este padecimiento siempre está inscripto en un horizonte más amplio: el de los dispositivos de poder que así nos producen, perpetradores de violencias o padecientes de ella, pero que también permiten la posibilidad de establecer relaciones éticas entre las personas, un tema al que Foucault le dedicó gran parte de las investigaciones de sus últimos años. Tener en cuenta este horizonte implica incluir esta entrevista silenciada, de la que intentaré recuperar algunos párrafos, útiles para iniciar una reflexión sobre nuestras sexualidades infantiles avasalladas.
No soy traductora, apenas leo el francés de corrido y ha sido un esfuerzo tratar de acercarles estas palabras de Foucault. Seguramente buenxs traductorxs del francés o del inglés tendrán algún día la deferencia de hacer circular la traducción completa de la entrevista radial, con todas las intervenciones de los presentes incluidas. Hasta ese entonces, espero que esta aproximación sirva al menos para incitar la curiosidad, alentar el pensamiento y mover a la acción. Aquí van entonces estas traducciones temblorosas para discutir, disentir y pensar con Foucault, una de las mentes más lúcidas del pasado siglo.
La ley del pudor
El Parlamento trabajaba en la revisión de las disposiciones del Código Penal concernientes a la sexualidad y a la infancia. La comisión de reforma del Código Penal había consultado a Foucault, tan atento a las conflictivas tesis sostenidas por los diferentes movimientos de liberación: las mujeres querían la criminalización de la violación; los homosexuales, la descriminalización de la homosexualidad; lesbianas y pedófilos se enfrentaban entre sí como se enfrentaban a los psicoanalistas en torno a la noción de peligro asociada a la sexualidad. M. Foucault defendió ante la Comisión algunos de los argumentos de la Carta Abierta sobre la revisión de la ley de delitos sexuales en lo concerniente a los menores. Finalmente, en junio de 1978, el Senado votaba la supresión de la discriminación entre actos homosexuales y heterosexuales. El atentado al pudor sin violencia hacia un menor de quince años, cualquiera sea su sexo, que estaba correccionalizado, ahora era pasible de audiencias en lo criminal. Guy Hocquenghem, escritor, fundador del Frente Homosexual de Acción Revolucionaria (F.H.A.R.), había tomado en el otoño de 1977 con René Scherer, profesor en el Departamento de Filosofía de Vincennes, la iniciativa de una carta abierta sobre la revisión de la ley de delitos sexuales en lo concerniente a los menores, firmada notablemente por Françoise Dolto, psicoanalista de niños y cristiana. Esta carta demandaba una revisión radical del derecho en materia sexual y de legislación sobre la infancia.
Intervenciones de Foucault en la emisión radial:
Si nosotros tres aceptamos participar en esta emisión (que fue arreglada muchos meses atrás), es por la siguiente razón. Una evolución tan larga, tan masiva, y que, a primera vista, parecía irreversible, podía hacer esperar que el régimen legal impuesto a las prácticas sexuales de nuestros contemporáneos fuera por fin a detenerse y dislocarse. Un régimen que no es tan antiguo, ya que el Código Penal de 1810 (1) no decía gran cosa sobre la sexualidad, como si la sexualidad no debiera concernirle a la ley; es solamente a lo largo del siglo XIX, y sobre todo en el XX, en la época de Pétain y al momento de la enmienda Mirguet (1960) (2), que la legislación de la sexualidad ha devenido cada vez más opresiva. Después de una decena de años, podemos constatar en las costumbres y en la opinión un movimiento para hacer evolucionar ese régimen legal. Asimismo, se ha reunido una comisión de reforma del derecho penal existente que tiene por tarea redactar a nuevo un número de artículos fundamentales del Código Penal. Y esta comisión ha efectivamente admitido, debo decirlo, con mucha seriedad, no solamente la posibilidad sino la necesidad de cambiar la mayor parte de artículos que rigen, en la legislación actual, el comportamiento sexual. Esta comisión, que se reúne todavía desde hace ya varios meses, ha proyectado esta reforma sobre la legislación sexual en el curso del mes de mayo y junio pasados. Y creo que las propuestas que ella contaba con hacer eran de esas que podemos llamar liberales. Ahora bien, parece que, después de un cierto número de meses, un movimiento en sentido inverso está en tren de perfilarse, un movimiento que es inquietante. En principio, porque no se produce solamente en Francia. Miren lo que pasa, por ejemplo, en los Estados Unidos, con la campaña que Anita Bryant[4] ha lanzado contra los homosexuales, que está a punto de rozar el llamado al asesinato. Es un fenómeno que se puede ver en Francia. Pero en Francia se lo constata a través de ciertos hechos particulares, puntuales, de los cuales hablaremos en su momento (Jean Danet y Guy Hocquenghem darán sin duda ejemplos), pero que parecen indicar que, tanto en la práctica policial como en la jurisprudencia, se ha vuelto más bien a posiciones duras, posiciones estrictas. Y ese movimiento que se constata en la práctica policial y judicial está lamentablemente apoyado muy seguido por campañas de prensa, o por un sistema de información manejado desde la prensa. Es entonces en esta situación -movimiento global que tiende al liberalismo, seguido por un fenómeno de reacción, contragolpe, freno -tal vez el mismo inicio del proceso inverso- que nosotros debemos discutir esta noche.
Me parece en efecto que se llega acá a un punto importante. Si es verdad que se está en una mutación, sin duda no es cierto que esa mutación favorecerá un aligeramiento real de la legislación sobre sexualidad. Jean Danet lo ha indicado: durante todo el siglo XIX se ha acumulado poco a poco, no sin un montón de dificultades, una legislación muy pesada. Ahora bien, esta legislación de todos modos se caracterizaba por no poder jamás ser capaz de decir exactamente que era eso que castigaba. Los atentados se castigan, pero el atentado jamás fue definido. Se castigan los ultrajes, jamás se ha sabido que era un ultraje. La ley estaba destinada a defender el pudor, jamás se ha sabido que era el pudor. Prácticamente, cada vez que había que justificar una intervención legislativa sobre la sexualidad, se invocaba el derecho al pudor. Y se puede decir que toda la legislación sobre la sexualidad, tal como ha sido planteada desde el siglo XIX en Francia, es un ensamble de leyes sobre el pudor. Es cierto que este aparato legislativo, que apunta a un objeto no definido, no ha sido utilizado sino en los casos considerados tácticamente útiles. En efecto, estuvo toda la campaña contra los profesores de primaria. Hubo en un momento dado una utilización contra el clero. Hubo una utilización de esta legislación para regular los fenómenos de prostitución de niños, que han sido tan importantes durante todo el siglo XIX, entre 1830 y 1880. Ahora nos damos cuenta que ese instrumento, que tiene por ventaja la flexibilidad, ya que su objeto no está definido, no puede por lo tanto subsistir ya que esas nociones de pudor, ultraje, atentado, pertenecen a un sistema de valores, de cultura, de discurso; en la explosión pornográfica y los beneficios que comporta, en toda esa nueva atmósfera, no es más posible emplear esas palabras y hacer funcionar la ley sobre esas bases. Pero eso que se delinea, el motivo por lo cual yo creo que es importante, en efecto, hablar del problema de los niños, eso que se delinea es un nuevo sistema penal, un nuevo sistema legislativo que se dará por función no tanto castigar lo que sería una infracción a esas leyes generales del pudor sino proteger las poblaciones o esas partes de la población consideradas como particularmente frágiles. Es decir que el legislador no justificará las medidas que proponga diciendo: ‘Hace falta defender el pudor universal de la humanidad’, sino que dirá: ‘Hay personas para las cuales la sexualidad de otros puede devenir un peligro permanente’. De esta manera, los niños pueden encontrarse a merced de una sexualidad adulta que les será extraña, y con un gran riesgo de resultarles nociva. De ahí una legislación que apela a esta noción de población frágil, poblaciones de alto riesgo como se dice, y a todo un saber psiquiátrico o psicológico empapado de un psicoanálisis de buena o mala calidad, poco importa en el fondo; y eso dará a los psiquiatras el derecho a intervenir dos veces. Primeramente, en términos generales, por decir: si, muy cierto, la sexualidad infantil existe, no volvamos más a esas viejas quimeras que nos hacían creer que el niño era puro y no sabía que era la sexualidad. Pero nosotros psicólogos, o psicoanalistas, o psiquiatras, pedagogos, sabemos perfectamente que la sexualidad del niño es una sexualidad específica, que tiene sus formas propias, sus tiempos de maduración, sus momentos fuertes, sus pulsiones específicas, igualmente sus latencias. Esta sexualidad del niño es un territorio que tiene su geografía propia donde el adulto no debe penetrar. Tierra virgen, territorio sexual ciertamente, pero una tierra que debe guardar su virginidad. Él intervendrá entonces como aval, como garante de esta especificidad de la sexualidad infantil, para protegerla. Y por otra parte, en cada caso particular, dirá: he aquí que un adulto ha venido a mezclar su sexualidad con la sexualidad de un niño. Tal vez el niño con su sexualidad propia ha podido desear a ese adulto, tal vez incluso ha consentido, tal vez él mismo ha dado los primeros pasos. Se admitirá que es él quien ha seducido a un adulto; pero nosotros, con nuestro saber psicológico, sabemos perfectamente que incluso el niño seductor peligra y en todos los casos va a sufrir un cierto daño y un traumatismo a partir del hecho de tener una relación con un adulto. En consecuencia, es necesario proteger al niño de sus propios deseos, desde el momento en que sus deseos lo orientarían hacia un adulto. Es el psiquiatra quien podrá decir: ‘Puedo predecir que un trauma de tal o tal importancia se va a producir a continuación de tal o tal tipo de relaciones’. Consecuentemente, al interior del nuevo cuadro legislativo destinado esencialmente a proteger ciertas fracciones frágiles de la población, la instauración de un poder médico, que será fundado sobre una concepción de la sexualidad, y sobre todo de las relaciones entre sexualidad infantil y adulta, que es enteramente discutible
No voy ciertamente a resumir todo lo que se ha dicho. Creo que Hocquenghem ha mostrado bien eso que estaba en tren de nacer actualmente con respecto a estas clases de población que se debe proteger. Por un lado, hay una infancia que por su naturaleza misma está en peligro, y que se debe proteger contra todo peligro posible y en consecuencia, de todo acto o todo ataque eventual. Y enfrente, vamos a tener individuos peligrosos, el individuo peligroso va a ser el adulto en general, de suerte que en el nuevo dispositivo que está por ponerse en marcha la sexualidad va a tomar una apariencia totalmente distinta a la que tenía en otro tiempo. Antes, las leyes prohibían un cierto número de actos, actos por lo demás tan numerosos que no se llegaba saber bien lo que eran, pero finalmente era a esos actos que la ley se dirigía. Se condenaban formas de conducta. Ahora, lo que estamos en tren de definir, y lo que, por consecuencia, va a encontrarse fundado por la intervención de la ley, del juez, de la medicina, son los individuos peligrosos. Vamos a tener una sociedad de peligros, con aquellos que están en peligro en una parte, y los que son peligrosos en la otra. Y la sexualidad no será más una conducta con algunas interdicciones precisas, sino una especie de peligro errante, una suerte de fantasma omnipresente, un fantasma que va jugando entre hombres y mujeres, niños y adultos, y eventualmente, entre los mismos adultos, etc. La sexualidad se volverá una amenaza en todas las relaciones sociales, en toda relación entre miembros de diferentes grupos de edad, en toda relación entre individuos. Y es sobre esa sombra, sobre ese fantasma, sobre ese miedo que el poder intentará tomar presa a través de una legislación aparentemente generosa y en todo caso general y gracias a una serie de intervenciones puntuales que serán probablemente las instituciones judiciales apoyadas sobre las instituciones médicas. Y tendremos allí un nuevo régimen de control de la sexualidad; aunque en la segunda mitad del siglo XX esté en efecto descriminalizada, pero sólo para aparecer bajo la forma de un peligro, y un peligro universal, he aquí un cambio considerable. Yo diría que es El peligro.
Intervenciones de Foucault en el debate final:
Sí, es difícil fijar barreras. Una cosa es el consentimiento, otra cosa es la posibilidad que tiene un niño de ser creído cuando, hablando de sus relaciones sexuales o de su afecto, de su ternura, o de sus contactos (el adjetivo sexual es a menudo molesto en estos casos, porque no corresponde a la realidad), otra cosa pues es la capacidad que se le reconozca al niño de explicar cuales son sus sentimientos, qué es lo que le ha pasado, y la credibilidad que se le acuerde. Ahora bien, en cuanto a los niños, les suponemos una sexualidad que no puede jamás dirigirse hacia un adulto y eso es todo. En segundo lugar, se supone que no son capaces de hablar sobre ellos mismos en un modo suficientemente lúcido. Que tienen una insuficiente capacidad de expresión para explicar lo que hay en ellos. Entonces no se les cree. No se los cree susceptibles de sexualidad y no se les cree susceptibles de hablar acerca de ella. Pero, después de todo, escuchar al niño, oírle hablar, oírle explicar cómo han sido efectivamente sus relaciones con alguien, adulto o no; siempre y cuando se escuche con la suficiente empatía, debe poder permitir establecer aproximadamente cuál fue el régimen de violencia o de consentimiento al que ha sido sometido. Asumir que un niño es incapaz de explicar lo que pasó y que, a partir del hecho de que es un niño, fue incapaz de dar su consentimiento, son dos abusos intolerables, francamente inaceptables.
El siguiente párrafo fue tomado de la versión en inglés:
En todo caso, una barrera de edad fijada por la ley no tiene mucho sentido. De nuevo, se puede confiar en el niño cuando dice que ha sido sujeto, o no, a la violencia. Un magistrado, un liberal, me dijo una vez que estábamos discutiendo esta cuestión: después de todo, hay chicas de 18 años que son prácticamente forzadas a tener sexo con su padre o padrastro; ellas pueden tener 18, pero es un intolerable sistema de coacción. Y una vez más, que ellos sienten que es intolerable, si sólo la gente estuviera dispuesta a escucharlos y ponerlos en una posición en la que puedan decir lo que sienten.
Notas (tomadas de la traducción inglesa):
(1) Código de 1810: Parte del Código de Napoléon. Este grupo de 485 artículos define crímenes, ofensas y delitos menores, así como también los castigos correspondientes. Promulgado el 12 de Febrero de 1810.
(2) La enmienda Mirguet se promulgó el 18 de julio de 1960 como enmienda al artículo 38 de la Constitución francesa de 1958 (4 de octubre de 1958). Declaraba la necesidad de combatir toda amenaza a la higiene pública y específicamente nombra la tuberculosis, el cáncer, el alcoholismo, la prostitución y la homosexualidad como objetos de ataque.
[1] A finales de marzo de 2008 consigo en internet la entrevista (en francés), gracias a un blog que, al poco tiempo, la retiró de circulación. Por esa razón esta traducción se completó con las versiones disponibles en inglés.
[2] Esto lo ha trabajado Rodolfo Omar Serio en su ponencia ¿Qué diría Foucault? Relatos de efebofilia en el canal de chat #gayargentina. Señala Serio que “los años que comprenden desde el Mayo francés hasta principios de los ’80 constituyeron una verdadera vanguardia en materia de moral sexual: en una solicitada de 1977 publicada por Le Monde, pueden leerse las firmas de Barthes, Simone de Beauvoir, Copi, Deleuze, Guattari, Lyotard y Sartre, entre muchos otros intelectuales que exigían la liberación de tres hombres detenidos por mantener relaciones sexuales con menores. En el texto se calificaba la ley de anticuada (désuet)”.
http://www.iigg.fsoc.uba.ar/jovenes_investigadores/4jornadasjovenes/EJES/Eje%201%20Identidades%20Alteridades/Ponencias/SERIO,%20Rodolfo.pdf
[3] Ver al respecto el texto de este autor Somnolencia de Foucault. Violencia sexual, consentimiento y poder, originalmente publicado en Prochoix, dossier “Harcèlement contre consentement”,
núm. 21, verano de 2002, pp. 106-119, disponible en http://revistas.colmex.mx/revistas/8/art_8_1187_9097.pdf
Podemos leer allí que “Durante una entrevista radiofónica con Guy Hocquenghem y Jean Danet, en 1978, el filósofo abandona su habitual vigilancia para pensar según el espíritu de la época, al unísono con sus interlocutores. En efecto, ante el nuevo control de la sexualidad que se establece en ese entonces, Foucault recusa la idea misma de una edad legal para el consentimiento sexual: De cualquier manera, no tiene mucho sentido que la ley fije una barrera de edad. Una vez más, podemos confiar en que el niño diga si sufrió o no un maltrato (Foucault, 1978:776). El problema no consiste tanto en que, una generación después, nuestra sensibilidad moral y política, mejor informada sobre los peligros de la pedofilia, se vea ofendida por semejante falta de preocupación. Más bien, lo que nos sorprende es que, por una vez, el filósofo confíe en las evidencias de la sensatez, o más precisamente del sentido común, de los partidarios de la liberación sexual”.
[4] Se puede ver al respecto el film de Gus Van Sant Milk (2008).
*Gracias a Ile que me ayudó con el toque final que me faltaba de la versión en inglés. Y a todxs los que leyeron y comentaron conmigo este texto y su traducción temblorosa.
sábado, 21 de noviembre de 2009
el deseo es esencialmente revolucionario
Anti Edipo, Deleuze & Guattari
miércoles, 4 de noviembre de 2009
enlaces de zines amenos
domingo, 11 de octubre de 2009
el # 3 de pido perdón zine y el #2 de ludditas sexuales on line

el #3 de pido perdón zine está terminado. ya están listas las copias y en cuanto pueda lo digitalizo para que llegue al infinito y más allá (tengo pedidos desde la península ibérica por lo pronto!).ya saben, me escriben a pidoperdonzine@hotmail.com y arreglamos intercambio.
más novedades y esas cosas acá
el #3 trae:
"vidas breves" por Ile, con algunas historias desde el hospital psiquiátrico de niñxs Tobar García
poemas de Walter Godoy y Philip Larkin (con traducción de leonor)
canciones de Loquero y Fun People
texto de Juan Manuel de fuego fanzine
texto de Bakunin sobre la infancia
texto de Leonor Silvestri sobre aborto y adopción
cuento de Alan de lastamosdando zine
notas sobre las sexualidades infantiles avasalladas que leí en Asunción durante las "noches raras" de julio 2009
declaración de la Comuna de Emma, Chana y todas las demás desde Asunción sobre la anormalidad
collages dibujitos ideas acciones lollypops & crisps
TU NORMALIDAD ES EL PURO ABURRIMIENTO DEL MIEDO:
Ya está Online el Segundo fascículo radial de Ludditas Sexuales!
ESCUCHAR
http://www.unaradio.com.ar/programa/ludditas-sexuales-2
BAJAR
http://www.unaradio.com.ar/audio/download/2412/LUDDITAS+SEXUALES+2.mp3
"La pequeñez separa, el aliento une, seamos amplias y grandes. No subestimemos cosas vitales por el sinfín de nimiedades que nos confrontan. Una verdadera concepción de la relación de los sexos no admitirá conquistadas y conquistadores, sólo sabe de una cosa: brindarse ilimitadamente para encontrase a sí misma más rica, más profunda. Sólo eso llenará el vacío y transformará la tragedia de la emancipación en alegría- ilimitada alegría.-"
Emma Goldmann
lee más de lo que hacemos lxs ludditas acá
sábado, 25 de julio de 2009
noches raras: semana de PF en Asunción
Semana queer en Asunción con la colectiva Colectiva Libertaria D-género Proyectil Fetal, de ArgentinaOrganizador(a):
La Comuna de Emma, Chana y todas las demás
Tipo:
Educación - Taller
Red:
Global
Hora de inicio:
El lunes, 27 de julio de 2009 a las 19:00
Hora de finalización:
El Sábado, 01 de agosto de 2009 a las 22:00
Lugar:
La Comuna de Emma, Chana y todas las demás, Inecip, La Serafinay más
Calle:
Cerro Corá 1564 entre Perú e Irrazaval
Ciudad/Pueblo:
Asunción, Paraguay
Teléfono:
021200211
Dirección de correo electrónico:
antimililat@gmail.com
Descripción
Autonomía del Sujeto, Feminismo, Queer, expresiones de género, anarquismo, performances, poesía, documentales, fanzines, sexualidades, contra hegemonías,todo libre
Lunes 27 de julio, 19 horas en La Comuna de Emma, Chana y Todas las Demás:
Anarquismo y Autonomía del Sujeto: el caso America Scarfó y Severino Di Giovanni
Dirección: Cerro Corá 1564, entre Perú e Irrazaval, fono 200211
Martes 28, 18 horas en Inecip-Py: Anarquismo y expresiones de género más Performance Proyecto Marlene como devenir Trans… mas Proyectil Fetal Proyecta Trava (El Teje, Enérgico movimiento de la Voluntad., Post Porno masculino x Mathew Barney)
Organizan: Las Ramonas e Inecip-PYDirección: Ygatimy 375 c/Alberdi, fono 493 354/5
Miércoles 29 de julio, 20:25 horas, en aula del 4to curso psicologia comunitaria, Sicología UNA (Sajonia): Atención = por confirmar
Sexualidades Contra-hegemonicas. Organiza: materia abordaje comunitario I, equipo dcenteDirección: aula del 4to curso psicologia comunitaria, Sicología UNA (Sajonia)
Jueves 30, 19 horas en La Comuna: Anarquismo y sexualidades infantiles avasalladasorganizan: La Comuna y Catarsis Colectiva Feminista (las Catas)Dirección: Cerro Corá 1564, entre Perú e Irrazaval, fono 200211
Viernes 31 en Aireana, 19 30 horas: Anarquismo, sexualidades v/s feminismo y queer: de La Voz de la Mujer a la Ley de Trata Dirección: Eligio Ayala 907 c/Tacuary Asunción - Paraguay Tel. 595 21 447976
Sábado 1 de agosto en La Comuna: desde las 15 horas:Talleres de Stencil y Fanzines Presentación de Fanzines ( El Látigo de Emma (Anarquismo disidente x Proyectil Fetal), Pido Perdon Zine (Cosas que pasan en la infancia x Laura Contrera), El Don de Creer (Poemas Anarquistas por Leonor Silvestri)) Más Lectura de Poemas con micrófono abierto (Traer los poemas que te salvaron la vida…) a partir Más Cine :Nica Libre (Documental sobre lo que dejó la revolución sandinista)Tarnation (Bio-film sobre las familias disfuncionales americanas, el poder psi y las drogas)más Let the right one in (Película queer sobre vampiros y abuso infantil)organiza: La ComunaDirección: Cerro Corá 1564, entre Perú e Irrazaval, fono 200211
Invitan: La Comuna de Emma, Chana y Todas las Demás, Aireana por los derechos de las lesbianas, Las Ramonas feminismo joven, INECIP, Sicología Comunitaria UNA, Grupo de Afinidad Antimilitarista de Asunción, Revista Periférica y Proyectil Fetal
Organiza La Comuna de Emma, Chana y Todas las Demás
miércoles, 8 de julio de 2009
más sobre sexualidades infantiles avasalladas

Algunos fragmentos de este texto fueron publicados en el #2 de pido perdón zine . Después el texto mutó un poco y quedó así.
Lirios, rosas, mariposas: notas sobre nuestras sexualidades infantiles avasalladas.
Por Laura Contrera
Somos víctimas fatales de las cosas del Estado/somos víctimas fatales del estado de las cosas/ somos lirios, somos rosas, somos lindas mariposas
La Polla Records, Lirios
Aunque la indignación popular en materia de abuso infantil o el juicio unívoco al respecto parezcan decir lo contrario, coincido con Weeks en que el sexo intergeneracional no es un problema serio para la gran mayoría de las personas. Si bien no se trata de un vicio inédito (este tipo de relaciones ha existido en otra sociedades y ha merecido diferentes sanciones), en la actual condena a la pedofilia suele faltar un examen de lo que está implicado realmente en tales relaciones de poder. Un simple interrogante nos desvela, pero permanece sin respuesta: ¿por qué ocurre tan a menudo eso que la sociedad aparentemente rechaza con tanta vehemencia? Lo que abunda en las respuestas típicas suele reducirse a simple “ansiedad moral y confusión” : discursos que giran en torno a la perversidad y/o monstruosidad -natural o psíquica- de ciertas personas, preferentemente del sexo masculino, que no tienen cura ni rehabilitación posible. Lamentablemente, como ya ha sucedido a lo largo de la historia, ansiedades sociales legítimas –como la que nos ocupa- adoptan formas no deseables, con resultados menos deseables aún. Y aunque todxs parecen saber lo que hay que hacer a partir de ese juicio monolítico (linchamientos, castraciones, cárcel, listados infames, etc.), poco se hace en la realidad. Mucho ruido y pocas nueces.
La sexualidad ha sido considerada en Occidente, desde hace mucho tiempo, como uno de los lugares privilegiados por donde se cuela el peligro: “el punto frágil por donde nos llegan las amenazas del mal”, en palabras de Foucault. En este esquema, la infancia sometida al interés conservativo/ explotador del Capital y del Estado se delimitó como una zona precaria, rodeada de amenazas. Y la sexualidad que le es propia floreció como un terreno de especial fragilidad desde entonces. Intentar hoy una reflexión sobre las problemáticas relaciones entre la sexualidad infantil y la adulta que no repita los lugares comunes que se reproducen sin pausa poco tiene que ver con sofisticaciones intelectuales. Un problema urgente debería tratarse de manera seria. No necesitamos más de esos juicios monolíticos o esas explicaciones tan satisfactorias que ningún efecto producen en la realidad, salvo el de tranquilizar almas compungidas y cerrar todo debate que nos mueva a la acción.
El siglo XX ha visto el encumbramiento del “interés del niñx” como supremo bien de protección jurídico-estatal y la pertinente proliferación de legislación a tono. Ya ha sido explicado sobradamente por distintxs autorxs cómo la representación del “niñx rey” pronto vino a coexistir junto a la representación del “niñx víctima”. Ahora bien, esta conceptualización de lxs niñxs como víctimas -que la legislación reconoce, los medios de comunicación difunden y todxs constatamos en la realidad- poco servicio nos ha prestado. No sólo a la hora en que las indefensas criaturas quedan frente a frente con los monstruos que la sociedad crea, pero de los que jamás se hace cargo, sino también cuando se ponen en funcionamiento los mecanismos represivos posteriores a los hechos condenables. Menos que menos para prevenir que vuelvan a ocurrir estos hechos. El sistema que negocia con cuerpos niñxs, que produce deseo de cuerpos niñxs, es el mismo que legisla más medidas de protección y control. Y también es el mismo que no les cree y no toma en cuenta el discurso de esos niñxs-víctima en la mayoría de los casos. Como resulta evidente, no hay ninguna contradicción en esos términos.
Pero no creamos tampoco que por oponernos a la violencia contra la infancia estamos al margen de ese sistema. Corremos el riesgo de quedarnos sentadxs cómodamente del lado correcto, ese que es fácil de determinar. Para echar luz sobre esas formas intrincadas de poder y dominación que configuran nuestras sexualidades, como dice Weeks, hay que atreverse a sacudirse esa modorra e ir hasta el fondo de la pregunta. Y quizá escuchar lo que no es fácil de ser escuchado y decir aquello que no nos traerá miradas compasivas ni palmadas de aliento. Porque, como sensatamente escribió Eliacheff, “es necesario estar atentos a la representación del niño víctima que manejamos” , incluso con las mejores intenciones. Idealizar a la infancia no equivale a respetarla. Como explica Eliacheff, la toma de conciencia de la sociedad sobre la realidad del abuso infantil a lo largo del siglo XX y la abundancia de información que transmiten los medios masivos de comunicación sobre esas amenazas (que, de más está decirlo, día a día se hacen realidad en el seno familiar o extrafamiliar, en las calles o en los sitios donde se debería guardar y velar por lxs niñxs), se inscribe en un marco mucho más amplio: el lugar de la infancia, tal como se ha tejido pacientemente en las redes del poder de nuestra sociedad bienintencionada. Y ese lugar es claramente el de víctima, por más que se diga lo contrario o se lo disfrace de alguna otra cosa. Como planteó alguna vez Foucault, una sociedad de peligros en torno a la sexualidad ha, efectivamente, advenido. Y la constante ronda al son del peligro, la ansiedad y el miedo nos ha dejado inermes y sin dirección, impedidxs de pensar en términos políticos, es decir, de acción.
Es completamente hipócrita la explotación que hacen ciertos sectores de las intensas emociones que provocan las relaciones entre adultxs y niñxs en la mayoría de las personas. Y, nos guste o no, las medidas de control y castigo que se autorizan sobre esa base emocional no tienen como verdadero objetivo la prevención eficaz de ataques sexuales. Los resultados están a la vista. Con palabras altisonantes nos ponemos en guardia ante la mera mención de la cuestión que nos ocupa, pero evitamos cuidadosamente examinar la naturaleza de la respuesta punitiva que se está dando a los crímenes aberrantes que desvelan a la sociedad. Pedimos encierro o linchamiento para los monstruos inmorales, pero lxs niñxs siguen estando insegurxs en sus camas o en las calles. Aunque sabemos que, como escribió Weeks, los asuntos de la sexualidad son inevitable e ineludiblemente políticos, no iniciamos una reflexión sobre nuestras sexualidades infantiles avasalladas. Esa reflexión conduciría inevitablemente a cuestionarse tanto el estado de una sociedad que permite tal despliegue de poder sobre un sector de sus miembros –me refiero a lxs niñxs- así como también el tipo de respuestas que esa misma sociedad propone o impone ante determinadas situaciones. Mientras tanto, el turismo sexual se extiende como cualquier otra rama floreciente de esa industria y, todos los días y a toda hora, asistimos impávidxs a la exhibición de cuerpos cada vez más niñxs como deseables y consumibles. La perversión adulta es tanto un trastorno de la identidad como un estado de delincuencia y una desviación, con la que convivimos a diario: “esta sociedad es más perversa en cierto modo que los perversos a los que ya no sabe definir pero cuya voluntad de goce explota para mejor reprimirla después” .
Se ha dicho que el pánico en torno a la pornografía infantil y la pedofilia es inseparable de la negación por parte de la sociedad de las deficiencias y fallas de la familia. Yo extendería la acusación incluso a quienes creemos estar libres de todo pecado y prestxs por arrojar la primera piedra. Las cruzadas moralistas antipedofilia (como sucede en la actualidad con ciertas campañas contra la trata de personas o como sucedió, en otro tiempo y lugar, con el movimiento antipornografía), piden legislaciones más férreas a un sistema que, por definición, incluye en otros circuitos -al margen de la legalidad- las ganancias de los placeres prohibidos. A su vez, estas campañas -más allá de sus buenas intenciones-, pocas veces se preocupan en poner de relieve las causas que hacen que tantxs niñxs y adolescentes queden expuestxs en las calles y en las casas no sólo a los posibles ataques de monstruos sexuales o asesinxs seriales, sino también a la precariedad y falta de contención lisa y llana, en todas sus formas. ¿Es necesario acaso que haga la triste lista que, con la pobreza y la indigencia material y moral como base, abarca la falta de alimentación, de salud y educación, pasando por la ausencia de políticas concretas para los casos de abuso de sustancias nocivas, hasta la carencia de protección ante la acción policial o judicial, el abandono o los golpes, el odio racial, étnico, sexual o religioso? Pero claro, estamos acostumbradxs a este paisaje desolado. Ya no nos conmueve. Necesitamos la crónica de algún crimen sexual especialmente cruento para despabilarnos. Y comenzar otra vez la eterna letanía dirigida al Estado de derecho, ese donde el interés del niño siempre es rey sin corona.
Hay abuso en muchas relaciones intergeneracionales y éste es merecedor de sanción no porque la violencia en términos sexuales sea lo peor que puede pasarnos ni porque la mancha vaya a quedarse indeleblemente en nuestra piel, marcando un camino único –el de la normalidad o la anormalidad- en la gestión de los placeres. Hay abuso porque se fuerza una relación de dominación hasta el límite mismo de lo constitutivamente tolerable. Butler señala acertadamente que los debates en torno a la realidad del abuso sexual infantil tienden a definir erróneamente el carácter de esa explotación: “No se trata simplemente de que el adulto imponga de manera unilateral cierta sexualidad, ni de que el niño fantasee de manera unilateral con cierta sexualidad, sino que se explota el amor del niño, un amor que es necesario para su existencia, y se abusa de su vinculación apasionada” , dice. No hace falta suponer a unx niñx completamente inocente, mudx e indefensx –lo mismo vale para las mujeres, las personas trans o racializadas-para condenar toda forma de avasallamiento que se le ejerza. ¿Esto implica perder de vista la especificidad de esa relación de dominación –sea en el caso del abuso infantil o la violación sistemática de mujeres o trans? No, lo que implica es el esfuerzo por evitar la reproducción acrítica del discurso dominante, indiferente a las consecuencias que éste ha venido generando. Nuestra horrorizada conciencia moral nos escamotea ciertos datos de la realidad. Explica Eliacheff, tras años de dedicarse a tratar “víctimas” tanto de violencia parental como de violencia institucional, que no todxs los niñxs maltratadxs se vuelven pederastas o padres golpeadores, ni que ser fruto de una historia dolorosa lleva obligadamente a vivir en el sufrimiento permanente, ni, llegado el caso, a hacer sufrir al prójimo. Sería interesante desentrañar los mecanismos que llevan a unxs a convertirse en adultxs avasalladorxs, mientras que a otrxs se les reserva el papel de reproductor de nuevas víctimas para un sistema demasiado voraz.
El acuerdo social en torno a la protección de la niñez, que parece aunar a sectores progresistas, conservadores y revolucionarios, está asentado sobre un eje que es funcional al dispositivo que se dice combatir, aun desde posiciones tan disímiles. La alarma ante los peligros a los que está expuesta la infancia sacralizada, victimizada y acallada es el revés luminoso de la incapacidad completa de lxs niñxs en términos legales y de acción (es decir, lxs niñxs son titulares de derechos que no pueden ejercer por sí mismxs y no son partícipes –de acuerdo a su grado madurativo- de las decisiones fundamentales sobre aspectos que les conciernen personalmente). La idealización de la niñez encubre su invisibilidad: lxs niñxs no son vistxs como sujetos autónomos, sino que existen y pueden ser leídos sólo como objetos de protección y compasión o de abuso y abandono. ¿Cómo empezar a romper con la lógica que encadena invariablemente a las víctimas a un destino de padecimiento o de nuevas violencias? Y más aún, ¿cómo dotar de armas a aquellxs a quienes se define, precisamente, por su indefensión? Porque cuando se acentúa el carácter definitivo de los trastornos psíquicos que produce el abuso sexual infantil se acentúa inadvertidamente la situación de la víctima como tal. Y la víctima nunca tiene escapatoria.
Las políticas, medidas o acciones de muchxs que dicen enfrentar el sistema siguen tomando como presupuesto visiones de la niñez que poco tienen que ver con los horizontes revolucionarios que lxs animan. Aunque por motivos diferentes que los sectores conservadores, consideran que poner en primera persona la gestión de la autonomía personal tratándose de niñxs y sexualidad equivale a librarlxs a su aciaga suerte. No entienden que la necesidad evidente de implementar medidas eficaces de protección y contención no es incompatible con la postulación de la autonomía personal: la integridad corporal y psíquica es cosa que atañe en primer lugar a lxs mismxs niñxs, de acuerdo a su desarrollo psicofísico. Y entiéndase claramente que no son meras declaraciones de intención o maneras elegantes de eludir las responsabilidades que les caben a lxs adultxs a la hora de proporcionar las condiciones para el ejercicio de esa autonomía. La exigencia de la autodeterminación corporal no es cosa nueva. Lo que es más reciente en términos históricos es la falta de tecnologías de la subjetividad apropiadas para sostener nuestra fragilidad, ya que carecemos de herramientas aptas para repeler, detener o transitar los embates y peligros que esta sociedad engendra. Pero si no enarbolamos esta bandera de la autonomía para todxs, nos seguirán faltando estrategias de supervivencia tanto para aquellxs que están incluidxs de alguna manera en el sistema -la familia, la escuela- como para lxs que permanecen del otro lado: la “minoridad” que habita los tribunales y las calles.
Las herramientas para gestionar la supervivencia a los abusos de todo tipo, los elementos de sostén para empezar a prevenirlos de una vez, todo eso debe construirse junto con la reflexión acerca del funcionamiento y el papel que cumplen no sólo estas sexualidades adultas invasivas que causan conmoción y horror a diario, sino también otras formas de avasallamiento infantil. Sólo así estaremos en condiciones de dar una lucha digna de ese nombre. No se combate al enemigo con las armas del enemigo sin antes aprender a usarlas. Es preferible, sin duda, forjarse armas nuevas. Y eso no será posible sin acción y sin reflexión radical. Porque, ¿qué son las instituciones que nos oprimen sino pensamientos y acciones sedimentadas, fijadas, dadas cono inamovibles, naturalizadas? Nos queda para la próxima una reflexión exhaustiva sobre los límites de la autonomía personal y los parámetros que rigen algunas elecciones sexuales conflictivas y violentas.
De buenas intenciones no se vive. Se requiere de intervenciones lúcidas y reflexivas en la realidad para que algo empiece a cambiar. Si no queremos ser más víctimas fatales del estado de las cosas ni de las cosas del Estado habrá que empezar a pensar colectivamente nuevas formas de resistencia y autodefensa. Pero esto sólo es una opinión, no me anima el deseo de postularme como la voz de una imposible comunidad de sobrevivientes de abuso y violencia infantil: como decía Foucault, “se trata de pistas de investigación, ideas, esquemas, líneas de puntos, instrumentos: hagan con ellos lo que quieran”. Mejor aún, hagamos algo.
martes, 23 de junio de 2009
Bakunin y lxs niñxs

Bakunin: un viejo amigo de la casa. Y recuerden amiguitxs que "los niños no son propiedad de nadie: ni de sus padres ni de la sociedad. Sólo pertenecen a su propia libertad futura"...
La educación de los niños. Con la abolición del matrimonio se plantea la cuestión de la educación de los niños. Su crianza, desde el embarazo de la madre hasta su madurez, y su formación y educación, igual para todos -una formación industrial e intelectual donde se combinen la capacita-ción para el trabajo manual y mental- deben corresponder fundamentalmente a la sociedad libre.
La sociedad y los niños. Los niños no son propiedad de nadie: ni de sus padres ni de la sociedad. Sólo pertenecen a su propia libertad futura. Pero en los niños esta libertad no es todavía real; es sólo una libertad en potencia. Porque una libertad real -es decir, la conciencia plena y su realización en cada individuo, basada fundamentalmente en el sentimiento de la propia dignidad y en un auténtico respeto por la libertad y la dignidad de los otros, o sea basada en la justicia - sólo puede desarrollarse en los niños mediante un desarrollo racional de su inteligencia, carácter y voluntad.
De aquí se deduce que la sociedad, cuyo futuro depende por completo de la adecuada educación e instrucción de los niños y que, por tanto, no sólo tiene el derecho sino también la obligación de velar por ellos, es el único guardián de los niños de ambos sexos. Y como la futura abolición del derecho a la herencia convertirá a la sociedad en el único heredero, ésta tendrá que considerar como una de sus primeras obligaciones el suministro de todos los medios necesarios para el mantenimiento, la formación y la educación de los niños de ambos sexos, con independencia de su origen o de sus padres.
Los derechos de los padres se limitarán a amar a sus hijos y ejercer sobre ellos la única autoridad compatible con ese amor, en la medida en que esta autoridad no atente contra su moralidad, su desarrollo mental o su libertad futura. El matrimonio como acto civil y político, al igual que cualquier otra intervención de la sociedad en cuestiones amorosas, está llamado a desaparecer.
domingo, 3 de mayo de 2009
#2 de pido perdon zine listo para copiarse y distribuirse

mi nueva banda fetiche es the organ.
soy adicta a su disquito
y al jarabe de hojas de hiedra que me dieron.
a ver si me curan esta imposibilidad de hablar
y de dormir bien.
lo bueno? fui a todos los lugares a los que no debía
y terminé el #2 de pido perdon zine
toda la data en http://www.pidoperdonzine.blogspot.com/
ya está.
mientras, espero que se me pase la faringitis y la fiebre.
el lunes se hacen las copias y empezamos esto de la distribución.
agradecimientos? muchos, a mucha gente. algunxs están en el zine, materialmente hablando, otrxs están implícitamente -las distancias son nada, a veces (lo leen completo acá).
letra de mis chicas favoritas del momento:
the organ: Steven Smith
As i was saying
I know that i’m one of the few who got
Away from you
Steven smith , we all lose
One look at you
And they’re suddenly covered in
Shrapnel too
It’s true, most die in your bedroom
All the time i’m getting shot
Oh, barrels roll and hammers drop
Come on now
Grab that gun and we’ll go drive
Around
Until there’s no sound
Come on
Let’s go
I said i am driving and i am driving
Its true, i’ve got something for you
When everything is quiet
The ringing in our ears will be awfully
Violent
And then there will be silence
Then there will be silence.
Steven en vivo
brother
love, love, love
sábado, 28 de marzo de 2009
Soy gong

Henri Michaux: Soy gong
En el canto de mi cólera hay un huevo,
Y en ese huevo está mi padre, mi madre, mis hijos
Y en todo eso hay alegría y tristeza mezcladas, y vida.
Intensas tormentas me han socorrido,
Hermoso sol que me contrariaste
Hay odio en mí, fuerte y de antigua data,
Y ya decidiremos después sobre la belleza.
En efecto, no me volví duro sino por láminas
Si supieran cuan blando he quedado en el fondo.
Soy gong, y guata y canto nevado,
Lo digo y estoy seguro.
lunes, 16 de febrero de 2009
credenciales...

miércoles, 15 de octubre de 2008
pido perdón zine, en plena impresión...
Gracias a todxs lxs que preguntaron. Y a lxs que escribieron.
lunes, 22 de septiembre de 2008
abuso, infancia y poder

palabras que hasta ahora me estaban misteriosamente prohibidas
Por Laura Contrera
Palabras que escribo aquí/ Contra toda evidencia/ Con la gran preocupación/ De decir todo.[1]
No habría más que un discurso posible sobre el abuso infantil y éste tiene, infaliblemente, un sesgo moral: se está a favor de la pedofilia o se está del lado de las víctimas inocentes. En eso, izquierdas y derechas se dan la mano. Cuando se habla de abuso infantil suele olvidarse que lo que está en juego es la producción misma de la sexualidad infantil. Nuestros cuerpos son políticos, repetimos con la teoría (que no es sin práctica) feminista, post-feminista y queer. Nuestros cuerpos de niñxs abusadxs son políticos. Más allá de la violencia puntual ejercida sobre nuestra carne, nuestros cuerpos de niñxs son campo de batalla donde lo que se juega es algo que excede la salvaguarda del pudor. Como otrora se defendía manu militari la honra de la mujer: el dispositivo sexo-jurídico de la minoría eterna de la fémina, siempre bajo la atenta mirada del padre-marido-tutor, el Estado. Este cuerpo mío, pero que no me pertenece.
Que haya una suerte de intolerancia colectiva hacia ciertas formas violentas de vinculación entre niñxs y adultxs no debe confundirnos. Que algunas de estas formas de vinculación sean incluso pasibles de acción penal no debe dejarnos tranquilxs (sobre todo si pensamos que esta acción se da en determinadas circunstancias y bajo múltiples condicionamientos, ya que los entrecruzamientos de clase, género, etnia, etc. siguen produciendo sus engendros jurídicos). Porque tras siglo y medio de aplicación de concretas técnicas de normalización de las sexualidades adultas -e infantiles- y de una alerta constante sobre el peligro de las sexualidades anormales que acechan a la infancia, mucho no se ha avanzado. Quizá vaya siendo hora de que intentemos recuperar la dimensión política que suele escaparse cuando planteamos en términos de indignación moral la violencia aberrante ejercida contra ciertas corporalidades (niñxs en este caso, pero también cuando se trata de mujeres, trans, inmigrantes, pobres).
Pensemos entonces en las sexualidades infantiles que produce este entramado: el espacio de vigilancia continua que debería ser la familia, tal como es erigida e incentivada por el Estado, el juego incesante de sus instituciones, las relaciones de clase, los circuitos del capital, etc. Por un lado, un innegable interés político y económico del Estado en los cuerpos infantiles y la gestión -legal e ilegal- de esos cuerpos en los distintos circuitos de la producción[2]. Por el otro, una mirada moral que lo reduce todo al binomio víctima y victimario. O que, a lo sumo, dando un paso más adelante, da lugar a la voz querellante, adulta, erigida en representante de alguien siempre silencioso. En el medio, ese alguien silencioso, en su espacio de eterna inocencia mancillada por los poderes voraces.
Cuando se lee en los diarios de mayor tirada o se escucha en los noticieros de horario central que hay una suerte de “jerarquía perversa” que hace que el ayer niño abusado se “convierta” de manera ineluctable en un abusador o entregador de nuevas víctimas, no se puede permanecer indiferente. Hay un discurso que está operando de manera tan eficaz que nos impide hacernos hasta las más simples preguntas. Por ejemplo: ¿las niñas abusadas no nos convertimos en abusadoras por algún tipo de bondad natural que portamos o es porque el repertorio del que disponemos para “salir” adelante tras el abuso está ligeramente ampliado? Léase la ironía del dispositivo: a las niñas nos estaría permitido sentir tal vergüenza ante el hecho consumado que quizá pasemos los próximos 15 años de nuestras vidas tratando de huir de una sexualidad pensada para lastimarnos y ensuciarnos (eso incluye noviazgos y/o matrimonios y la maternidad incluso, no sólo el celibato) o engordemos 20 kilos para salirnos “voluntariamente” del mercado del deseo y la posibilidad de padecer nuevamente violencia sexual. El repertorio posible para los varoncitos abusados se reduce drásticamente a la posibilidad de ejercer una sexualidad adulta invasiva y violenta respecto de infantes desvalidos y/u otras corporalidades igualmente frágiles (y aquí se incluye la nota, no menor, de considerar a la pedofilia como iniciación en la homosexualidad, como si la violación introdujera a la niña en la heterosexualidad). Otra pregunta podría ser acerca de los estereotipos políticos de masculinidad y feminidad fabricados en esta forja perversa. La producción de una sexualidad masculina siempre dotada de un impulso irrefrenable (e involuntario), que constantemente está en riesgo de pasarse a la criminalidad, y su doble, la sexualidad femenina e infantil como territorio pasivo, blando, penetrable, expuesto en todo tiempo y circunstancia al ejercicio de la sexualidad masculina, que requiere de un resguardo nunca suficientemente amplio.
Ya es una verdad de sentido común la que dice que no hay destino biológicamente determinado, quizá sea hora de empezar a replantearse las crónicas psicológicamente anunciadas de algunos crímenes sexuales, no para sustituir un determinismo por otro (social, por ejemplo), sino para desplegar el funcionamiento de un conjunto de tecnologías de género que, como decía Teresa De Lauretis, si bien operan de modo heterogéneo respecto a las asignaciones femeninas o masculinas, producen esa y otras diferencias, además de la verdad del sexo, los modos normales y patológicos de gestionar placeres, la salud y la pureza étnica, la reproducción de fuerza de trabajo, etc.
Una mirada libertaria no puede contentarse hoy con la repetición del discurso moral y compungido que acompaña la queja y reclamo ante el Estado y sus instituciones. Porque así como habría un único discurso dominante sobre abuso infantil, también parece que sólo hay una acción posible: la del Estado y el aparato judicial. Faltan discursos y prácticas resistentes que nos permitan desmontar capas sucesivas: para entender cómo son mantenidos específicos estados de dominación incluso a través de técnicas y de una red de instituciones que se oponen, según sus propias definiciones, a tales estados[3]. La violencia de género o la violencia hacia la infancia es la violencia misma de este sistema de género, de este régimen económico-político que nos ha venido produciendo, en esta apenas perceptible malla estatal y para estatal a la que infructuosamente le venimos pidiendo piedad. O soluciones (cárcel, legislación, castración química, etc.). Y también sabias palabras para poner en su lugar el horror que nos habita y que no podemos nombrar.
El avasallamiento de las sexualidades infantiles se produce antes de que efectivamente haya acaecido el hecho esperado. La mirada moral y temerosa de la sociedad bienpensante ha engendrado y seguirá engendrando eso mismo que teme para sus tiernos frutos. La vigilancia –parental y estatal- impide por su propia definición la producción de una autogestión responsable del propio cuerpo infantil –acorde a su camino evolutivo, claro. El peligro difuso de la sexualidad autoriza todo tipo de controles y toma contornos definidos: el miedo delinea cuerpos que desconocen sus posibilidades de resistencia, como ha sucedido tradicionalmente con las mujeres y la violación. Seguir pensando –y produciendo- la infancia como una víctima ineluctable de las voracidades adultas no ha salvado a nadie. La infancia es sometida cotidianamente, de distintas maneras –aquí es donde intervienen esos espacios de superposición entre género, sexo, clase y etnia- y es en este mismo sometimiento donde se producen las subjetividades infantiles: cuerpos inermes, expuestos a todo mal, niñxs que no conocen sus potencialidades ni disponen de esos cuerpos.
Para quienes hemos podido sobrevivir a los episodios de abuso, la posibilidad de pensar un discurso y una práctica que no sitúe a la infancia abusada en relación al monstruo anormal que acecha desde una exterioridad moral y social. Un discurso y una práctica que nos permita la revisión de los dispositivos que nos produjeron (y seguirán produciendo) como víctimas propiciatorias de otros sujetos encarnados, crecidos y criados en estas sociedades de control y capitalismo tardío, con dispositivos que nos siguen sujetando firmemente de las salientes de nuestros cuerpos-campo-de-batalla aun cuando pretenden protegernos y librarnos de todo mal.
Y para quienes están dando sus primeros pasos, estrenando corporalidades vulnerables en un mundo que vigila aquello que sacraliza y normaliza para luego ponerlo en una circulación regulada, va este intento de abordar políticamente cuestiones en principio ligadas a la intimidad recóndita. Un humilde aporte para salir del espeso silencio y de las palabras prohibidas. Si es cierto que no puede decirse todo, quizá baste con empezar a decir algo. Tener palabras para nombrar lo que existe aunque creamos que no existe: el monstruo debajo de la cama unido a la voz dentro de mi cabeza y al coro de ángeles que no vela mi sueño.
[2] Según Foucault, la valoración del cuerpo del niño que emerge en las sociedades occidentales con la industrialización -una valoración económica y afectiva de su vida- está estrechamente ligada a la instauración de un temor en torno de ese cuerpo y de un temor en torno de la sexualidad, de la que los padres resultan responsables, ante el Estado, claro. Foucault, Michel: Los anormales. Curso en el Collège de France (1974-1975). Fondo de Cultura Económica, Bs.As., 2001. Pág 247.
[3] En Argentina, tenemos actualmente ante la Justicia dos casos ejemplares: el licenciado Corzi, psicólogo especialista en violencia familiar y abuso infantil -cabeza visible de espacios de poder-saber legitimados para hablar en nombre de las víctimas- acusado de comandar una red de pederastas, y el cura Grassi, responsable de una fundación llamada “Felices los niños” -que aloja a menores desamparados, con el auxilio de un fuerte subsidio gubernamental-, procesado por abuso y corrupción de menores.
lunes, 15 de septiembre de 2008
pido perdón zine

miércoles, 15 de agosto de 2007
Diez

“ese río que –vos lo sabés bien- nunca llegará a ser mar”*
No, un único hecho no puede explicarlo todo. Pero un único hecho sí puede obturar lo suficiente como para aislarnos limpiamente de nuestros propios y anteriores días. Siempre hacia adelante, sin saber verdaderamente hacia dónde, pero sin mirar atrás. Ni siquiera dolorosa esa mirada hacia la infancia, sino imposible. Siempre hacia adelante, sin nostalgia y sin ira. Tan desarmada, tan impedida. Eso que me amordazaba, lo misteriosamente prohibido.
No una retórica de víctima, ya lo he dicho. Sólo que me he puesto a andar, tras los pasos perdidos. Hacia atrás. El tiempo como un río. Hacia atrás, sin nostalgia y sin ira. Pero todo mío el tiempo, las palabras y los ríos. “Lo que hizo de mí”, lo que de mí yo hice, los ojos que vuelven tras los pasos abriendo camino a poderosos caudales. La infancia y su perfume, sus texturas y colores, sus sonidos viejos.
[1] Virginia Woolf, Las olas.
jueves, 2 de agosto de 2007
Nueve
Un hecho simple, de todos los días, un hecho común, dice Pizarnik, “sólo que inquietante”[1]. Sólo que horrible. Dice también Pizarnik que ciertos niños ocampianos (abusados, abandonados, desprotegidos), tratan de averiguar su “pecado mortal”: “aquello por lo cual esa gente los entregó a las furias de la soledad pánica”[2]. Sólo que no hay pecado alguno, habría que agregar. Dos ojos abiertos demasiado pronto tal vez. Cuando era hora de no ver. Nada más que eso.
Escribió Virginia Woolf en una carta: “Recuerdo el contacto de su mano debajo de mis ropas, avanzando firme y decidida cada vez más abajo. Recuerdo que yo esperaba que se detuviese de una vez, que me iba poniendo más tensa, que me retorcía a medida que la mano iba aproximándose a mis partes más íntimas. Pero no se detuvo. Su mano exploró también mis partes más íntimas. Recuerdo que me sentí ofendida, que no me gustó. ¿Cuál es la palabra para un sentimiento tan callado y conflictivo?”[3]. Hasta en sus últimos sueños vuelve el medio hermano horrible de su infancia, como animal que no suelta a su presa. Y hasta sus últimos días seguirá creyendo que “la capacidad para recibir los golpes es lo que hizo de mí una escritora”[4].
“Lo que hizo de mí”, lo que de mí esto explica, poca cosa quizá, pero es la verdad más fresca que he llegado a tener toda para mí. Esos hermosos sueños robados, todos esos días donde faltaron, de alguna u otra forma, “las moradas del consuelo, la consagración de la inocencia, la alegría inadjetivable del cuerpo”[5], como dice Pizarnik en un poema largo y bellísimo. Todas cosas que me arrebataron, mejor dicho. Y no se culpe a nadie, salvo a quien es responsable, el que arrojó la primera piedra. Durante años otro poema agostó mis días: el que decía de una niña a la que nadie nada le enseñó y aprendió (mal) todo sola. Pero no se trata de esto aquí.
[1] A.P.“Dominios ilícitos”.
[2] A.P. “Dominios ilícitos”.
[3] Esta frase es parte de una carta escrita por Virginia Woolf a su amiga Ethel Smyth el 12 de enero de 1941.
[5] A.P. “Extracción de la piedra de locura”.
lunes, 30 de julio de 2007
Ocho

“Yo sé que durante mucho tiempo oíste en la oscuridad de tu cuarto, con esa insistencia que el silencio desata en los labios crueles de las furias que se dedican a martirizar a los niños, voces inhumanas, unidas a la tuya, que decían: es un pecado mortal, Dios mío, es un pecado mortal”[1]. “¿Cómo hiciste para sobrevivir?”, se pregunta la narradora a continuación La pregunta es maravillosamente concisa e indudablemente certera. No así la respuesta. Un milagro, dice Silvina Ocampo. Pero nosotras sabemos que no, que no se trata de ningún milagro. No hay acción divina aquí, nada de eso.
¿Sobrevivir? En tanto desmentida, sólo fue un enorme lapso de tiempo entre paréntesis, grandes puntos suspensivos. Haberme olvidado de sobrevivir a la catástrofe, en tanto desmentí la catástrofe y sus efectos. Nada más que eso. Tantos años. Pero no existe tiempo perdido, en rigor de verdad. Aún encapsulado, aún en suspenso, me tomé todo mi tiempo, crecí como una crisálida. ¿Acaso la primera es la última inocencia, la "más alta inocencia"[2], la eterna y única? De eso, solamente de eso, se trata todo esto. La desmentida es una extraña suerte de disculpa. No se sabe por qué ni a quién, pero se pide perdón. Años invertidos en ello.
miércoles, 25 de julio de 2007
Seis

Quizá sea esa la clave que faltaba. Furiosas palabras de Alejandra Pizarnik, de Virginia Woolf. Como olas destellantes, la infancia y su esplendor ajado. Ofensas, culpas, expiaciones. La mano que golpea sobre el pecho, la frase repetida que se hace carne con el puño. “Hemos intentado hacernos perdonar lo que no hicimos…”[2]. Sin saberlo. Tan sin saber. El puño que golpea el pecho, la mano que atenaza la garganta, la venda sobre los ojos. “Todas esas cosas ocurren en un segundo y duran para siempre”[3], lo sepamos reconocer o no, fluyendo en el danzante galope de los días. Y me faltaba todo, no sólo las palabras. Pero lo que me amordazaba existe.
lunes, 23 de julio de 2007
Dos
Pasó toda una vida y el mismo miedo inconfesado. El núcleo duro de lo que se es se derrite en un miedo untuoso. La piel translúcida no alcanza a cubrirnos, la piel no sabe poner distancias. Es tan desnuda. Tan poca cosa. La piel no alcanza. No alcanzan las palabras. La pena y las canciones son vestidos. Los poemas que mi carne ruge, sola y temblando, desguarecida. Si es verdad que me lo han quitado todo, sólo me quedan las letras de las canciones que amo y los viejos sueños que recupero en sueños nuevos.
Pero soy la misma niña a la que la madre le decía: “sos un caramelito ácido, duro por fuera y muy dulce por dentro”. Y no es verdad, madre, no. Soy sólo un ovillo de miedo que nadie desmadeja. No es verdad, padre, no. No soy dura, ni altiva, ni racional, ni rigurosa. Soy un nudo apretado hasta la imposibilidad misma de decir basta, de decir la maravillosa y simple sílaba: “no”.
*Eterna Inocencia, "Vientos del amanecer"
jueves, 19 de julio de 2007
Uno
Son las palabras y son los ríos, son los destellos de una infancia, los despojos también, mi nombre, eso sí que lo sé bien, mi nombre y la sombra unida a ese nombre, no los verdes paraísos sino cosas concretas que quiero volver a ver danzar frente a mí, galope desbocado de recuerdos, corriente poderosa de indómitos ríos.
